La masiva movilización de los operarios fabriles exigió la reapertura de la planta perteneciente al clan Madanes Quintanilla, cuyo cese de actividades dejó en situación de desempleo a novecientas familias. Una jueza laboral dispuso un embargo millonario para garantizar los salarios hasta junio.
Una vez más, la consigna atravesó el corazón de la ciudad de Buenos Aires con la fuerza de una verdad irrefutable. “Fate no se cierra”, corearon esta jornada los centenares de manifestantes que colmaron las arterias del microcentro porteño, en una demostración de persistencia gremial que ya se ha vuelto recurrente desde que la emblemática fábrica de neumáticos bajó definitivamente sus persianas. El reclamo, lejos de amainar, se intensifica con el correr de las semanas, y esta vez encontró un respaldo judicial que inyectó esperanza en los novecientos hogares que dependen directamente del sustento que proveía la compañía.
La columna humana se puso en marcha desde las puertas del Juzgado Laboral número 17, un punto de partida cargado de simbolismo, pues fue precisamente en ese ámbito donde los trabajadores obtuvieron una resolución favorable que, al menos por ahora, les asegura el cobro de sus haberes hasta el sexto mes del año. Desde allí, la multitud —acompañada por una nutrida representación de organizaciones sindicales, dirigentes políticos y militantes sociales— avanzó hacia la histórica Plaza de Mayo, convertida una vez más en el escenario natural de las grandes demandas populares.
La magistrada Liliana Rodríguez Fernández, al frente de ese tribunal, hizo lugar al pedido formulado por los operarios ante el incumplimiento de la conciliación obligatoria que había sido dictada por el Gobierno nacional. En su fallo, la jueza ordenó trabar un embargo por la astronómica suma de tres mil millones de pesos sobre los bienes de la familia Madanes Quintanilla, con el objetivo de resguardar el pago de los salarios correspondientes al período que va desde el cierre de la fábrica, ocurrido en febrero, hasta junio inclusive.
Alejandro Crespo, secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna), explicó con crudeza los alcances de la medida judicial. El dirigente sostuvo que si la empresa persiste en su negativa a abonar los sueldos, deberá ejecutarse un nuevo embargo y disponer de esos fondos para beneficiar a los trabajadores. Crespo hizo un llamativo señalamiento al afirmar que la compañía tiene la obligación de aprender de esta situación, y advirtió que los Madanes Quintanilla no pueden convertirse en los antagonistas más execrables de la memoria industrial argentina, sobre todo cuando el propio patriarca del grupo solía definirse como un auténtico industrial y no como un mero empresario especulativo.
El líder sindical no escatimó calificativos para describir la conducta de la firma. Tachó de extorsiva la decisión de Fate de quebrantar la conciliación obligatoria impuesta por el Estado nacional, y reveló un dato que agregó mayor indignación al reclamo: semanas antes del cese de operaciones, la planta había sido íntegramente renovada con maquinarias y equipamiento, lo que desmiente cualquier justificación técnica o económica para el cierre. Crespo subrayó que esta batalla representa apenas la punta de un iceberg mucho más profundo, en referencia a los múltiples conflictos que se desarrollan simultáneamente en otras fábricas del país.
En un tramo especialmente encendido de su intervención, el secretario general del Sutna lanzó una denuncia que traspasa lo gremial para instalarse en el terreno de la soberanía nacional. Afirmó que se está permitiendo que el pasto crezca sobre la única fábrica del territorio argentino que produce cubiertas destinadas a camiones y colectivos. El cierre de Fate, insistió, pone en grave riesgo el abastecimiento de neumáticos para el transporte de mercaderías y materias primas, lo que podría derivar en un desabastecimiento crítico para toda la cadena logística del país. “Estamos viviendo una situación profundamente antiobrera”, sentenció Crespo, y concluyó con un mensaje directo hacia los propietarios: “A Madanes le decimos basta”.
