Creada meses después del desembarco de Manuel Adorni en el Gobierno, la firma de Bettina Angeletti ofrece dinámicas vivenciales para “alinear equipos” y capacita a empresas vinculadas al Estado. El viaje de la coach en el avión presidencial encendió todas las alarmas.
En el universo del coaching ontológico, construir un barquito de papel, subirse al “trencito de la confianza” o someterse a ejercicios de integración grupal suelen leerse como herramientas lúdicas para motivar a equipos corporativos. Sin embargo, cuando quien propone esas actividades es Bettina Angeletti, esposa del jefe de Gabinete Manuel Adorni, y su consultora desembarca pocos meses después de que su marido aterrizara en el poder, las mismas prácticas adquieren un peso político difícil de ignorar.
La firma “Más BE”, fundada en julio de 2024, se presenta ante el mercado como una suerte de llave maestra destinada a poner orden en aquello que falla dentro de las organizaciones. Su receta no es novedosa —coaching organizacional, programas de cultura interna, selección de personal y consultoría en gestión de talento— pero el escenario en el que irrumpe sí resulta llamativo. La propuesta combina un lenguaje corporativo pulido con promesas de transformación emocional, aunque el verdadero corazón del negocio no reside en los manuales ni en los diagnósticos tradicionales. La propia empresa lo destaca: su diferencial es “lo vivencial”. En términos concretos, eso implica talleres personalizados, juegos de integración y dinámicas de grupo meticulosamente diseñadas para intervenir sobre los vínculos, las conductas y los liderazgos.
Angeletti difunde en sus redes sociales vídeos donde entona frases motivacionales con un tono monocorde, para luego invitar a los participantes a sumergirse en esas experiencias colectivas. El método es, en esencia, un laboratorio emocional para empresas, donde el trabajo se disuelve en el juego y la motivación se construye, según prometen, desde la participación grupal. Lo que podría ser una anécdota más del mundo del management corporativo se transforma en una cuestión de Estado cuando se observa el contexto: la consultora nació justo cuando Javier Milei transitaba los primeros meses de su gestión y Adorni ya ocupaba un lugar central en la estructura oficial. Hasta entonces, la actividad de Angeletti como coach existía, pero de manera independiente y a menor escala. El salto hacia una firma estructurada coincide de manera exacta con el nuevo escenario político.
A este dato se suma que Angeletti integra, junto a su esposo, la sociedad AS Innovación Profesional SRL, inscripta en 2020 y dedicada a la consultoría empresarial, el asesoramiento financiero y el coaching. Sin embargo, lo que más inquieta a los observadores es que “Más BE” ya capacita a empleados de empresas que mantienen vínculos directos o indirectos con el sector público. Mientras Adorni ejerce un cargo clave en el Gobierno, la actividad privada de su cónyuge se expande y alcanza ámbitos que dependen, de una u otra manera, de las decisiones estatales. No existen detalles oficiales sobre cómo se tramitan esas contrataciones, pero el solo cruce abre una pregunta concreta e incómoda: quién decide y bajo qué criterios se eligen esos servicios.
La exposición pública de esta trama se disparó a partir de un episodio puntual. Angeletti viajó en el avión presidencial ARG 01 rumbo a Nueva York, en el marco de la “Argentina Week”, un encuentro económico auspiciado por el JP Morgan. El propio Adorni salió a explicar que su esposa lo acompañó en calidad de “compañera de vida” y que ella tenía actividades propias en la ciudad norteamericana, aunque no precisó cuáles. El jefe de Gabinete, que dio el discurso de cierre del evento, decidió no regresar con el resto de la comitiva oficial. En lugar de eso, permaneció en Nueva York junto a Angeletti, y ambos volvieron al país en un vuelo de línea comercial por el que abonaron diez mil dólares. Uno de esos pasajes, sin embargo, lo pagó el Estado.
El coaching ontológico, base de la oferta de Angeletti, se postula como una herramienta para mejorar decisiones, potenciar liderazgos y optimizar resultados. En el universo empresarial, su expansión es un fenómeno consolidado y aceptado. Pero en este caso, la mirada se corre inevitablemente. Los juegos, los talleres, el famoso “trencito de la confianza”, el barquito de papel y las dinámicas de equipo dejan de leerse como simples metodologías de recursos humanos para empezar a formar parte de una trama mucho más amplia. Esa trama muestra cómo el crecimiento de una actividad privada ocurre en perfecta sincronía con el acceso al poder político, y cómo las fronteras entre lo personal, lo comercial y lo público se vuelven, cuando menos, borrosas. La pregunta que queda flotando, mientras los equipos se “alinean” a través del juego, es si detrás de esa fachada lúdica no se está construyendo también otro tipo de ingeniería: la de los negocios que prosperan al amparo del Estado.
