En medio de una escalada de tensiones internas que sacude a las bases de La Libertad Avanza, Lilia Lemoine y el conductor Daniel Parisini intercambiaron acusaciones por redes sociales, al tiempo que un fiscal imputó a una decena de seguidores del espacio por hostigar a un legislador oficialista. La grieta entre las facciones leales a Karina Milei y las alineadas con Santiago Caputo se profundiza sin atenuantes.
En las últimas horas, la conflictividad latente que atraviesa al universo libertario estalló una vez más en la escena pública, esta vez con dos figuras de peso relativo en la constelación mediática y legislativa que orbita alrededor del presidente Javier Milei. La diputada nacional Lilia Lemoine protagonizó un áspero intercambio virtual con Daniel Parisini, más conocido en el ambiente como el Gordo Dan, conductor emblemático del streaming oficialista Carajo. Lo que comenzó como un desliz crítico se convirtió rápidamente en una catarata de descalificaciones mutuas, dejando al descubierto las profundas fisuras que separan a las distintas tribus que sostienen —y a la vez combaten— desde adentro al proyecto de gobierno.
La génesis del enfrentamiento se remonta a un señalamiento directo de Lemoine contra Parisini. La legisladora le endilgó haber respaldado a dos figuras que hoy se encuentran en la vereda incómoda del oficialismo: por un lado, la diputada disidente Marcela Pagano, quien fuera expulsada del bloque propio, y por otro, la vicepresidenta Victoria Villarruel, cuya relación con el Presidente y su círculo íntimo atraviesa un visible congelamiento. “Bancaste a Villarruel y a Pagano, Dan. En la vida real, vos dejabas caer al gobierno. Perdón. Me cansé”, espetó Lemoine en un mensaje que rápidamente se volvió viral.
La réplica del Gordo Dan no se hizo esperar y subió la apuesta retórica. “No solo banqué a Villarruel y a Pagano, banqué a toda La Libertad Avanza cuando había que bancar, y dejé de bancar cuando pasó lo que pasó. Vos no tenés la potestad de echar a nadie ni de hacer que nadie deje de seguir a Milei. No tenés jurisdicción acá para hacer eso. Esto no es el Congreso. No pasarás”, sentenció Parisini, en un intento por marcar territorio y deslegitimar cualquier intento de disciplinamiento desde la estructura parlamentaria hacia el activismo digital.
Lejos de amilanarse, la diputada contraatacó con un tono punzante y menospreciante: “Dan… vos tampoco. Y entendiste lo que quise decir… no creo que seas tan boludo como Mengolini? O sí? Capaz que compartir espacio con Rebord te nubló las ideas”. La mención a la periodista y al polémico influencer resultó un dardo destinado a herir la credibilidad intelectual de su interlocutor. La respuesta del conductor no se hizo esperar y combinó ironía con una velada acusación de limitaciones cognitivas: “Lilia, para tratar de boludo a alguien mínimamente te pido no tener tan solo dos puntos más de coeficiente intelectual que un fijap. Te mando un abrazo”.
Más allá del cruce personal, el episodio refleja la creciente fragmentación interna del movimiento libertario, que se debate entre la lealtad a la figura presidencial y las pujas subterráneas por el poder real. Por un lado, la facción liderada por Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y hermana del mandatario, y por otro, el sector que responde al influyente asesor Santiago Caputo, ambos disputándose el control de los resortes administrativos y simbólicos de la gestión. En medio de esa tensión, figuras como Lemoine y Parisini funcionan como voceros enfrentados de una guerra que trasciende los estudios de streaming y se cuela en los despachos oficiales.
Mientras las redes sociales ardían con los dardos cruzados, el frente judicial de la interna libertaria también experimentó avances significativos. La Fiscalía Penal, Contravencional y de Faltas Nº35, a cargo de Celsa Ramírez, formalizó la imputación y ordenó la citación a indagatoria de once individuos por presuntas amenazas e instigación a cometer delitos en perjuicio del diputado nacional Sebastián Pareja, actual operador territorial de la fuerza en la provincia de Buenos Aires. La causa se originó a raíz de una denuncia presentada por el propio legislador en septiembre del año pasado, luego de que un conjunto de usuarios de la plataforma X difundiera sin consentimiento su número de teléfono celular, desatando una oleada de llamados intimidantes y expresiones de violencia verbal.
Los delitos investigados incluyen amenazas, instigación a cometer ilícitos e incitación a la violencia colectiva contra un funcionario público, figuras penales que la Justicia comenzó a desentrañar con el auxilio de pericias digitales y rastreos de cuentas anónimas. La jueza Paula Núñez Gelvez, al frente del expediente, ya desestimó los primeros intentos de recusación planteados por las defensas, lo que allana el camino para que los once imputados presten declaración en los próximos días. Se espera que esos testimonios aviven aún más la interna en una fuerza política que intenta, con escaso éxito, equilibrar la gestión gubernamental con las feroces disputas de poder entre sus fundadores y sus militantes más radicalizados.
El círculo se cierra así sobre una paradoja evidente: mientras desde la Casa Rosada se predica el orden, la disciplina fiscal y la lucha contra la corrupción, en las entrañas del movimiento que llevó a Milei al poder se multiplican los focos de incendio cruzado, donde los códigos del streaming, la lealtad a los líderes de facción y las denuncias judiciales se entremezclan en un cóctel cada vez más explosivo. La pregunta que flota en el aire, mientras Lemoine y Parisini continúan sus escaramuzas verbales, es hasta cuándo la figura presidencial podrá mantenerse por encima de estas rencillas sin que el fuego terminar por alcanzar los cimientos mismos de su proyecto de poder.
