Tras el ataque armado en San Cristóbal, mensajes intimidantes aparecieron en instituciones educativas de al menos seis jurisdicciones. Las autoridades investigan si se trata de un peligro real o de un desafío viral mientras familias y estudiantes conviven con el temor.
Apenas unos días después del trágico episodio de violencia armada que conmocionó a la localidad santafesina de San Cristóbal, un nuevo fantasma recorre los pasillos de decenas de escuelas secundarias argentinas. Se trata de una serie de advertencias manuscritas halladas en sanitarios de establecimientos educativos ubicados en Buenos Aires, Neuquén, Mendoza, Tucumán, la Capital Federal y Córdoba, todas ellas con un contenido escalofriante: la promesa de un nuevo ataque con armas de fuego en el ámbito escolar.
Los escritos, elaborados con corrector blanco, fibra indeleble o directamente marcados en las cerámicas de los baños, coinciden en un elemento central: fijaron un plazo concreto para la supuesta masacre, en un rango que abarca desde el martes hasta el jueves de esta semana. En varios casos, los autores anónimos del mensaje aconsejaron a los demás estudiantes no presentarse a clases en la jornada señalada, lo que generó una ola de ausentismo voluntario impulsado por el pánico familiar.
Ante esta situación, las autoridades provinciales se encuentran abocadas a una delicada tarea de investigación que intenta discernir si estamos frente a amenazas creíbles y concretas o si, por el contrario, los responsables forman parte de un reto de mal gusto que se propaga de manera viral en las redes sociales y que ha encontrado en los baños escolares un canal de expresión particularmente alarmante. Voceros oficiales y equipos directivos coinciden en un punto: cada mensaje debe ser tratado con la máxima prudencia y desplegando todos los protocolos de seguridad disponibles. No obstante, también advierten que esta seguidilla de intimidaciones, frecuentemente despojadas de contexto y cargadas de dramatismo, corre el riesgo de alimentar una paranoia colectiva injustificada en el seno de las comunidades educativas.
El malestar y la incertidumbre ya se hicieron sentir con crudeza. Muchos alumnos regresaron a sus hogares presas del miedo tras leer o escuchar sobre las amenazas, y algunos incluso llegaron a confundir las imágenes que circularon por aplicaciones de mensajería con las instalaciones de su propia escuela, lo que evidencia el alto nivel de nerviosismo imperante.
Marcelo Von Schmelling, vocero de la cartera de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, brindó declaraciones a este diario en las que intentó poner paños fríos a la situación sin minimizarla. “Investigo todo, pero siempre llamamos a que haya un equilibrio, que haya responsabilidad. Hacemos campañas para que esto no se convierta en una locura”, afirmó el funcionario. Asimismo, garantizó que todos los efectivos policiales se encuentran en estado de alerta y preparados para cualquier eventualidad, aunque aclaró que el trabajo habitual de fuerzas especializadas —como la división de explosivos— no debe interpretarse como una señal de peligro inminente, sino como parte de una rutina de formación y prevención.
En la Escuela Secundaria N°28 de Villa Elisa, ubicada en el cruce de la calle 5 y la 422, el mensaje “El que arriesga que venga” apareció escrito en la puerta de uno de los baños. Si bien durante la jornada de hoy, miércoles —fecha señalada en esa amenaza— se activaron los procedimientos de resguardo y hubo custodia policial externa, la comunidad educativa permanece en vilo. Decenas de familias optaron por no enviar a sus hijos al colegio, a pesar de la presencia de agentes de seguridad. La situación se torna más compleja aún debido a la cercanía de un jardín municipal, lo que amplía el radio de la preocupación. Los directivos del establecimiento mantuvieron reuniones de emergencia para abordar el conflicto, mientras se desconoce aún la identidad del autor del escrito.
Situaciones análogas se replicaron en otros puntos del conurbano. Tanto en una escuela de Quilmes como en la Escuela Secundaria Técnica Dr. Salvador Debenedetti N°5 de Avellaneda se hallaron leyendas intimidatorias, entre ellas la lapidaria frase “Van a morir todos”. Von Schmelling ratificó que la actuación policial se ciñe estrictamente al protocolo habitual para este tipo de episodios.
El fenómeno también alcanzó a la provincia mediterránea. En el Ipem 142 Joaquín V. González de La Falda, un cartel fijado en un sanitario anticipaba un ataque armado para este miércoles. La gravedad del hallazgo motivó la intervención de la Fiscalía de Cosquín, que ordenó un operativo de custodia similar al bonaerense. Pero el problema no se limitó a esa localidad: amenazas de idénticas características fueron detectadas en instituciones educativas de la capital cordobesa y otras localidades del interior provincial.
Al cruzar los límites de la Patagonia, la situación se repite. En la escuela secundaria N°1 de Cutral Có, provincia de Neuquén, los baños también amanecieron con inscripciones amenazantes. Y en Tucumán, los colegios Guillermina Lestón de Guzmán y San Francisco, ambos en la capital, sufrieron el mismo fenómeno. El jefe de la policía tucumana, en un intento por calmar los ánimos, insistió en que no se sometería a los alumnos a requisaciones masivas, dejando esa decisión bajo la órbita de los directivos escolares. “Está desplegado el protocolo policial, ya estamos en contacto con cada una de las áreas, con la fiscalía y vamos a hacer todo lo necesario para esclarecer esto”, comunicó.
En la provincia cuyana, específicamente en una escuela del departamento de Las Heras, Mendoza, el mensaje terrorífico apareció pintado sobre las cerámicas de un baño. Nuevamente, muchas familias decidieron resguardar a sus hijos y no permitirles la asistencia a clases. “¿Cómo voy a traer a mi hija? La amenaza dice que el 15 del 4 habrá un tiroteo escolar”, se lamentó una madre en diálogo con una emisora radial local. La policía mendocina confirmó que se reforzaron las medidas de seguridad y que se brindaron charlas preventivas a los estudiantes, aunque admitió que no existe un protocolo específico para estas circunstancias. Carina Gannam, directora de Acompañamiento Escolar de la provincia, reveló que se está trabajando en un análisis caligráfico de los mensajes con el objetivo de identificar a los responsables y derivarlos a profesionales de la salud.
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires no fue ajena a esta escalada intimidatoria. Durante la mañana de este miércoles, en el baño de varones del sector de Talleres de la Escuela Técnica N° 9 “Ingeniero Luis Huergo”, ubicada en el porteño barrio de Caballito, apareció un nuevo mensaje que anticipaba un baño de sangre para el jueves. Efectivos de la Comisaría 6A recorrieron exhaustivamente el edificio para descartar la presencia de armas o situaciones de violencia activa. Como medida preventiva, se dispuso que durante al menos una semana los ingresos al colegio sean custodiados.
Tampoco escapó a la ola el prestigioso colegio Carlos Pellegrini, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, donde se encontraron graffitis con contenido similar. La dirección del establecimiento expresó su “absoluto y categórico rechazo” a estos actos y anunció que profundizará su trabajo en la construcción del diálogo y el respeto, al tiempo que adoptará nuevas medidas de prevención. Por su parte, el centro de estudiantes de la institución pidió mantener la calma y confiar en la gestión del centro, y adelantó que impulsará denuncias penales en forma conjunta con otros colegios afectados.
En el análisis de fondo, los especialistas apuntan a un fenómeno cultural más amplio. La ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, había señalado la semana pasada, en una conferencia de prensa posterior al tiroteo de San Cristóbal, que “estamos frente a la presencia de subculturas digitales que integran jóvenes, niños y adolescentes y se centran en el análisis y la fascinación de asesinatos y tiroteos masivos”. Guillermo Díaz, jefe del Departamento Antiterrorista de la Policía Federal Argentina, ahondó en esta idea al explicar que esta subcultura tuvo su origen a nivel internacional tras la masacre de Columbine ocurrida en Colorado, Estados Unidos, en 1999. Desde entonces, según el experto, este movimiento ha operado de manera descentralizada a través de foros y plataformas como Discord o Telegram, y el proceso de radicalización suele atravesar distintas fases, que van desde el consumo de material ilícito hasta la planificación de ataques propios. Este diagnóstico pone en alerta no solo a las fuerzas de seguridad, sino también a las familias y a los propios sistemas educativos, que hoy enfrentan un desafío inédito en su magnitud y dispersión geográfica.
