El cierre del acceso de los periodistas a la Casa Rosada, una decisión inédita en la historia reciente del país, coincidió con la visita del magnate Peter Thiel, fundador de Palantir y abanderado del tecnoautoritarismo. Mientras el Gobierno oculta los detalles del encuentro, emergen inquietantes conexiones entre la vigilancia masiva, la cesión de recursos estratégicos y el sueño anarcocapitalista de aniquilar al Estado.
No resulta una coincidencia fortuita que el jefe del Estado, Javier Milei, haya resuelto vedar la entrada de la prensa al palacio gubernamental en la jornada de ayer. La medida, carente de cualquier paralelismo en los anales contemporáneos de la política local, tuvo lugar simultáneamente con la llegada del poderoso inversor Peter Thiel, una figura de enorme influencia en el entramado tecnológico-militar planetario y un empresario que predica abiertamente la necesidad de desmantelar el sistema democrático. “La libertad es irreconciliable con la democracia”, sostiene el ideólogo de la ultraderecha, quien vislumbra en la Argentina libertaria un laboratorio idóneo para poner en práctica su visión de un futuro tecnoautoritario. Más allá de las coincidencias doctrinarias, el vínculo entre ambos se asienta sobre una base de conveniencia pragmática: mientras Thiel proporciona herramientas de última generación para el análisis colosal de datos y la vigilancia, Milei se muestra dispuesto a entregar recursos naturales vitales para el desarrollo tecnológico.
Apenas unas jornadas después de retornar de su gira por Israel, el mandatario le franqueó el acceso a su despacho al creador de Palantir Technologies, una firma especializada en inteligencia informática y seguridad. Pasadas las dos de la tarde dio comienzo una reunión de carácter confidencial de la que también participaron el canciller Pablo Quirno y un par de asesores del magnate, Matt Danzeisen y Matias Van Thienen. El oficialismo omitió informar sobre los temas tratados o los propósitos de aquella cita. Milei se limitó a calificar el encuentro como una conversación “maravillosa” entre dos “anarcocapitalistas” y a mencionar de manera vaga que el estadounidense posee “intereses en el rubro de los agronegocios”. No abundó en más detalles. La especulación más sólida sugiere que el Gobierno podría estar evaluando contratar los servicios de Palantir, una compañía que asesora al Pentágono. La organización tiene entre sus capacidades el procesamiento y la interpretación de datos provenientes de satélites, aeronaves no tripuladas y sistemas de radar para misiones castrenses estadounidenses, incluyendo los bombardeos en Oriente Próximo. La pregunta sobre qué necesidad tendría la Casa Rosada de este tipo de recursos bélicos y de vigilancia resulta, cuanto menos, perturbadora.
La oferta que Thiel pone sobre la mesa es preocupante. “Lo que Palantir entrega a los gobiernos son, fundamentalmente, tableros de comando diseñados para que instauren una vigilancia ininterrumpida sobre la población”, explica la investigadora Valeria Di Croce. Se trata de labores que la firma también realiza para los Estados de Israel y Francia. “Su función es decodificar bases de datos. Si lo proyectamos a la Argentina, estaríamos hablando de ANSES, Migraciones, los organismos de inteligencia, el Ministerio de Defensa. Todas las bases estatales son absorbidas y pueden ser cruzadas con la información de las redes sociales”, detalla Di Croce, y aclara que esta empresa es la única en el mundo con esa competencia. Un elemento de suma trascendencia es que Thiel aparece como el inversor externo principal de Facebook, una plataforma que constituye una colosal base de datos sobre los comportamientos individuales.
“Elaboran herramientas, como ocurre en Estados Unidos con Immigration Office, una aplicación que utiliza el ICE, en la que intersectan toda esa información: desde el momento en que tomas un Uber, la fecha de una consulta médica o el pago del transporte público. Te geolocalizan y notifican al ICE tu paradero para que puedas ser detenido”, señala la autora de El Arca de Milei, quien advierte sobre el peligro que implicaría que semejante capacidad quede en manos del gobierno nacional.
El primer acercamiento entre Milei y Thiel ocurrió en febrero de 2024 en el número 50 de la calle Balcarce. En aquella ocasión, el exembajador argentino en Estados Unidos, Alejandro Oxenford, reveló que el magnate se hallaba “impresionado” por los postulados del libertario. “Considera que las ideas de Javier Milei son tan significativas en el escenario global como lo son para la Argentina”, transmitió Oxenford. Dos meses más tarde se reencontraron en Los Ángeles. Coincidieron en el foro anual del Milken Institute, un ámbito donde convergen dirigentes políticos, fondos especulativos y titanes de la tecnología. Desde el estrado, el Presidente desplegó su prédica contra lo que denomina la ideología “woke”, proclamó a la Argentina como “la nueva meca de Occidente” y puso a disposición de los inversionistas el litio, la plata, el oro y el cobre de la “tierra más fértil del mundo”. El fundador de PayPal lo escuchaba atentamente desde la platea.
La disponibilidad de esas riquezas naturales se perfila ahora como una pieza central del entendimiento. Argentina posee la energía y el territorio necesarios para albergar los centros de procesamiento de datos de Thiel, y las políticas oficiales avanzan deliberadamente en esa dirección. Tal como informó Página/12, el pasado 4 de febrero, el canciller Quirno participó en Washington de una “cumbre sobre minerales críticos” convocada por la administración de Donald Trump. En medio de elogios y camaradería con el secretario de Estado, Marco Rubio, se rubricó un acuerdo para garantizar un acceso privilegiado de Estados Unidos a materias primas fundamentales para el desarrollo automotor, energético, tecnológico y castrense. Esta disposición será trasladada al ámbito empresario el próximo 30 de abril, en las oficinas de la Cámara de Comercio Argentino-Norteamericana (Amcham) en Buenos Aires.
“La Argentina dispone de la cantidad de energía que requieren este tipo de corporaciones”, sintetiza Di Croce en referencia a Palantir, y completa: “La clave para analizar su desembarco está en los proyectos del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). Las inversiones de envergadura están ligadas a la minería, el cobre, la plata, las tierras raras, el litio y la energía en general. Eso es lo que precisan estas empresas y es lo que el país tiene para ofrecer”.
De Silicon Valley al exclusivo Barrio Parque
Abrigando expectativas favorables por la gestión libertaria, Thiel arribó al país hace un par de semanas acompañado por su esposo, Matt Danzeisen, y sus hijos. La familia se hospeda en una lujosa residencia en el tradicional Barrio Parque. Conforme reveló el medio Ámbito, el empresario —cuya fortuna se calcula en treinta mil millones de dólares— adquirió la propiedad en una operación relámpago por una suma cercana a los doce millones de dólares. Se trata de una mansión de aproximadamente mil seiscientos metros cuadrados, situada en la calle Dardo Rocha al 2900, frente a la vivienda de Susana Giménez. Todo indica que proyecta visitar el país con una frecuencia considerable.
Décadas de sintonía ideológica
Thiel fue uno de los gestores de PayPal en 1999, compañía que tres años más tarde vendió por mil quinientos millones de dólares. En ese entonces, su socio Max Levchin explicaba que el propósito de su emprendimiento era impedir la intervención de los gobiernos en la economía. La meta última consistía en erosionar a los Estados nacionales. Con el correr del tiempo, Thiel consolidó el mismo discurso que luego adoptaría Milei: el de “destruir al Estado”. Cada cual con sus propias herramientas. Uno desde el despacho de la Casa Rosada y el otro desde los algoritmos de Palantir.
El interés del magnate por la coyuntura argentina y su afinidad con el líder libertario no es algo novedoso. Ya en octubre de 2024 había manifestado públicamente su atención sobre el derrotero del país. “¿Por qué nos interesa tanto lo que sucede en Argentina?”, se preguntó durante un encuentro organizado por el Club Económico de Miami. “La respuesta es que sentimos que la Argentina podría ser el futuro de Europa y de Estados Unidos. En el sentido de convertirse en algo parecido a este gobierno corrupto y descomunal, ese peronismo con más sectores en un Estado ineficiente que en la economía”, respondió ante una consulta del diario El Observador de Uruguay. Para entonces, ya había mantenido dos reuniones con Milei y se mostraba convencido de que su administración sería “exitosa”. Probablemente, aunque sin decirlo de manera explícita, también estaba anticipando su desembarco en Barrio Parque y el inicio de una nueva etapa de experimentación tecnoautoritaria en suelo sudamericano.
