El granero del mundo cosecha hambre: Argentina produce para 650 millones de personas mientras tres millones de ciudadanos no alcanzan los nutrientes esenciales

El granero del mundo cosecha hambre: Argentina produce para 650 millones de personas mientras tres millones de ciudadanos no alcanzan los nutrientes esenciales

Un informe revela que la generación de alimentos alcanza las 29 mil calorías diarias por habitante, pero el consumo real se desploma a 2.300. La estanflación, la caída del empleo formal y la regresión fiscal consolidan un modelo que la elite impulsa sostener en las próximas elecciones, mientras crece la disputa cultural por el rumbo del país.

En la nación que la historiografía bautizó como el granero del orbe, una paradoja cruel se instala en cada hogar y cada comedor comunitario. Durante el año en curso, los campos, las plantas procesadoras y los frigoríficos argentinos generaron volúmenes de alimentos teóricamente capaces de saciar las necesidades básicas de 650 millones de seres humanos, una cifra que equivaldría a trece veces la población local. Sin embargo, ese torrente productivo choca contra un muro de exclusión: cada vez más ciudadanos no logran incorporar los nutrientes imprescindibles para una vida digna. Incluso recurriendo a las estadísticas oficiales del Indec, cuya confiabilidad despierta suspicacias en numerosos especialistas, el indicador de indigencia trepó durante el tercer trimestre de 2025 al 5,9 por ciento. Esa fracción representa aproximadamente tres millones de personas que padecen hambre en un territorio bendecido por la naturaleza con tierras fértiles y recursos estratégicos.

El trigo cosechado resulta suficiente para elaborar un kilogramo de pan diario por cada habitante, pero el consumo de ese alimento básico se derrumbó un 55 por ciento desde la asunción del mandatario Javier Milei. Algo similar ocurre con las carnes: el consumo vacuno cayó más de un 10 por ciento respecto de 2023 y se ubicó por debajo del piso histórico anterior, registrado en 1920. La ingesta de leche común disminuyó un 10,5 por ciento, mientras que la leche en polvo sufrió un desplome del 27 por ciento y productos como flanes y postres lácteos, un 49 por ciento. Este cuadro de escasez forzada convive con una matriz productiva que abarca cereales, oleaginosas, carne bovina, porcina, ovina y caprina, aves, huevos, hortalizas, frutas, azúcar, miel, peces, moluscos y crustáceos. Un trabajo elaborado por el portal El Destape con respaldo de la Universidad de Buenos Aires cuantificó el sinsentido: el país produce el equivalente a 29 mil calorías diarias por persona, pero apenas consume 2.300 en promedio.

Las consecuencias se observan en cada rincón del tejido social. Los trabajadores desbordan los comedores asistenciales en busca de un plato de comida, los clubes de trueque negocian un kilo de harina por tres tomates para poder cocinar al mediodía, y en el conurbano cordobés se multiplican los robos de animales domésticos para ser consumidos como sustento. Al mismo tiempo, el sector energético muestra cifras récord para las empresas, pero no para la población: las exportaciones de petróleo superarán los 15 mil millones de dólares este año, sin embargo las líneas de colectivos redujeron un tercio su frecuencia habitual debido a que las constantes subas de los combustibles elevaron sus costos de manera abrupta. Si las empresas trasladaran ese aumento a la tarifa del boleto, muy pocos pasajeros podrían afrontarlo, de modo que los asalariados soportan a diario largas colas y viajan hacinados como ganado.

Este escenario no es producto del azar ni de catástrofes externas, sino de un modelo económico que concentra la renta en unos pocos actores privilegiados, maximiza sus ganancias vía exportaciones y deja al resto de la población en una situación cada vez más precaria. Cuando diversos sectores del poder económico y mediático reclaman que el gobierno que suceda al alicaído Milei sostenga el rumbo, en realidad están defendiendo esa arquitectura de injusticia estructural. Lo que estará en disputa en los próximos comicios es precisamente la continuidad o la abolición de ese esquema. La historia argentina ya registra un antecedente lúgubre: hacia el final del menemismo, el gran empresariado local buscó un reemplazo que garantizara la esencia del modelo aunque con un barniz de austeridad y seriedad. Así emergió Fernando De la Rúa, con su campaña del “aburrido” que prometía mantener el rumbo del uno a uno, las privatizaciones y el Estado mínimo. Dos años después sobrevino la explosión: cinco presidentes en una semana, 57 por ciento de pobreza y 27 por ciento de indigencia.

Hoy, el denominado círculo rojo repite la coreografía. Busca una figura que preserve el actual rumbo, similar al de los noventa pero con mejores modales. Mientras los grandes medios dedicaron dos meses a analizar las andanzas del vocero Manuel Adorni —cuyos montos no superan los cientos de miles de dólares—, se omitió el debate central sobre el proyecto de país. Un estudio de la fundación Argentina Grande contabiliza el desempleo real, incluyendo a los despedidos que se refugiaron en el monotributo para sobrevivir, en el 15 por ciento, el triple de la tasa de 2023. En marzo se cumplieron nueve meses consecutivos de caída del empleo registrado, con una pérdida total de 304 mil puestos formales desde 2023. Según datos de Fundar, desaparecieron 24.180 empresas desde ese año.

La regresión fiscal profundiza la inequidad. El impuesto a los Bienes Personales, que grava la riqueza, se redujo un 81 por ciento respecto de 2023, mientras que el IVA al consumo ya explica la mitad de toda la recaudación nacional. La carga tributaria recae así sobre los hombros de quienes menos poseen. Un informe del Grupo Atenas, elaborado por Martín Pollera y Mariano Macchioli, revela que luego de pagar vivienda, servicios, transporte, salud y educación, al trabajador promedio le queda apenas el 30 por ciento de sus ingresos para afrontar el resto del mes. La mitad de los hogares dispone de 8.600 pesos por persona por día, y dos millones de familias no pueden comprar un kilogramo de asado con su ingreso diario disponible.

El modelo tampoco beneficia a la mayoría de los empresarios. Según un estudio del Instituto de Estudios del Banco Provincia, las ventas de las grandes compañías que operan fuera del negocio de petróleo y energía cayeron un 11,8 por ciento respecto al promedio de los dos últimos años del gobierno anterior. La rentabilidad promedio de esos sectores se contrajo del 18,5 por ciento al 11 por ciento, y muchas empresas cubrieron esa pérdida mediante endeudamiento. Las únicas firmas que mejoraron su rentabilidad fueron las vinculadas a hidrocarburos y electricidad. El rumbo, entonces, es un modelo sin producción diversificada y sin empleo genuino.

En materia energética, la extracción de petróleo y gas de Vaca Muerta no se traduce en ventajas para los argentinos. La guerra en Medio Oriente demostró que el esquema volcado a la exportación, que desatiende por completo el mercado interno, llevó a que un país cada vez más relevante como productor sufriera incrementos de combustibles superiores incluso a los de naciones importadoras. Una modificación del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), aprobada el 18 de febrero, excluyó casi toda la nueva producción de petróleo y gas de la carga impositiva, permitiendo que el total de impuestos no supere el 25 por ciento anual y que en poco tiempo las divisas generadas puedan quedar en el exterior. En marzo, las empresas extranjeras giraron utilidades por 869 millones de dólares, de los cuales 460 millones correspondieron a petroleras. Mientras tanto, países como Noruega construyen fondos intergeneracionales con su renta energética, convencidos de que esos recursos pertenecen también a las futuras generaciones. En Argentina, una propuesta semejante sería tildada de comunista, y se están regalando 200 años de reservas de gas y 100 de petróleo a unas pocas corporaciones foráneas.

Los defensores del rumbo esgrimen el equilibrio fiscal como su gran virtud, pero omiten que ese equilibrio se basa fundamentalmente en no pagar deudas. El Estado nacional adeuda sumas millonarias a las provincias, al Pami, a las universidades y al Andis. La estrategia también implica no ejecutar obra pública y consumir el capital del Estado. La recaudación, por su parte, cayó un 9,4 por ciento en el primer trimestre respecto del mismo período de 2023, lo que reduce la capacidad del Estado para financiar hospitales, escuelas y servicios esenciales. El monotributo duplicó su participación en la recaudación total en el último año, pasando del 0,4 al 0,8 por ciento: el rumbo es el monotributo para trabajar en aplicaciones de delivery como Rappi.

Ante el vertiginoso declive de la gestión mileista, los actores del círculo rojo toman precauciones para obligar a quienes vengan a mantener el rumbo de manera forzosa. El presidente de la Suprema Corte, que convalida con su inacción la violación de las leyes de Financiamiento Universitario y de Emergencia en Discapacidad, advirtió al próximo mandatario que la emisión “espuria” constituye un delito. Diego Chaer, el hombre encargado de las privatizaciones por el gobierno actual, admitió que busca estructurar los contratos de manera tal que “quien quiera reestatizar le salga carísimo”. No sólo buscan un candidato que siga el rumbo, sino que también dejan claro que no admitirán un cambio de dirección.

La batalla cultural que proclama Milei y guioniza Santiago Caputo tiene por objeto convencer a la sociedad de que los ricos paguen menos impuestos y los trabajadores se arreglen solos, bajo el señuelo de que ese plan domeñará la inflación. Sin embargo, el mandatario acumula diez meses consecutivos de suba inflacionaria incluso en un contexto de fuerte caída del consumo, y su tesis de que tras 18 meses con equilibrio fiscal el alza de precios se derrumbaría ha quedado desmentida. El rumbo es la estanflación. No obstante, las encuestas más recientes indican que Milei perdió esa batalla cultural. Según Atlas Intel, los tres dirigentes con mayor imagen positiva son de izquierda: Myriam Bregman, Axel Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner. Si bien la líder del PTS aún no traslada esa valoración al voto y Cristina se encuentra inhabilitada, Kicillof ya recorre el centro del país y esta semana pisará Córdoba. La principal candidata a mantener el rumbo es Patricia Bullrich, mientras que Mauricio Macri protagonizó un acto en el Chaco con apenas veinte personas, más policías que público, y se retiró enojado asegurando a sus íntimos que no juega. Bullrich, en cambio, ya confió a empresarios amigos que no le interesa ser candidata en la ciudad de Buenos Aires, pues apunta a la Presidencia y afirma tener un plan de trabajo para reemplazar a Milei. Karina Milei lo sabe. Si los candidatos son Bullrich y Kicillof, la contienda electoral dirimirá si se sostiene el rumbo de la injusticia o se vira ciento ochenta grados hacia un modelo con producción, empleo y soberanía alimentaria.

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