Ante un auditorio colmado en la Feria del Libro, el gobernador bonaerense presentó la nueva edición de “De Smith a Keynes” y encabezó un panel heterodoxo donde incluso un exaliado del Presidente cuestionó la formación del mandatario libertario.
En una tarde que combinó la densidad teórica con la puntería política, el salón Victoria Ocampo se quedó pequeño ante la convocatoria que despertó el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. El mandatario peronista eligió el escenario de la Feria del Libro para lanzar una edición renovada de su obra “De Smith a Keynes: siete lecciones de historia del pensamiento económico”, publicada ahora por Siglo XXI. Lo que en apariencia era una presentación editorial se transformó rápidamente en un análisis corrosivo del programa aplicado por Javier Milei y su ministro Luis Caputo, con una concurrencia que interrumpió sus recorridos entre estantes para escuchar al exministro de Economía durante poco más de sesenta minutos.
Kicillof definió su libro como “un recorrido por la historia de las ideas económicas destinado a quienes no son especialistas” y aprovechó cada capítulo para derribar la pretensión de verdad única que, según denunció, impera en las facultades y en los despachos oficiales. Rememoró su etapa como estudiante en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA durante la década de 1990, cuando la hegemonía de una sola corriente de pensamiento se dictaba como si fuera una ley natural. “No nos advertían que aquello era apenas la mirada de una vertiente determinada. Nos la presentaban como la verdad revelada, y esa visión coincidía con las políticas de Cavallo, Menem y la convertibilidad”, sostuvo con evidente tono crítico. Esa molestia juvenil, ese “enojo y rebelión”, fue el germen de un curso que ahora recupera en formato impreso.
El gobernador subrayó que la economía no pertenece al reino de las ciencias exactas y que ignorar las disputas entre escuelas empobrece la formación de cualquier alumno. “Este libro señala justamente eso: no se debe enseñar economía apoyándose en una única doctrina, sobre todo si es la que está de moda o la que se impuso por la fuerza del contexto”, enfatizó ante un público que seguía cada frase con evidente interés.
Lo que generó mayor expectativa fue la composición del panel que acompañó a Kicillof. La sorpresa mayúscula llegó con la presencia de Diego Giacomini, economista de formación liberal que supo ser amigo cercano de Javier Milei y a quien, según reconoció el propio Giacomini, le presentó los fundamentos de la Escuela Austríaca. Ante las miradas inquisidoras de parte del auditorio, Giacomini aclaró que su vínculo con Kicillof se remonta a cuatro décadas atrás, cuando compartieron el secundario y luego los pasillos de la UBA como docentes. “El ser humano se enriquece cuando interactúa con personas de habilidades y conocimientos diversos. Se toma lo valioso del otro y se desecha aquello que no sirve”, reflexionó, trazando una sutil pero contundente diferencia con el estilo de su examigo devenido Presidente. Junto a Giacomini participaron el periodista Alejandro Bercovich y la economista feminista Candelaria Botto.
El momento más lúcido del encuentro llegó cuando Botto propuso un ejercicio dinámico: cada integrante debía analizar las políticas de Milei desde la perspectiva de la corriente económica que mejor conociera. Giacomini no dudó en señalar que el propio mandatario libertario sería objeto de burla por parte de los auténticos referentes de la Escuela Austríaca. “Milei es la antítesis de los austríacos. Su falta de formación intelectual provocaría el rechazo de quienes realmente representan esa tradición”, disparó.
Cuando llegó su turno, Kicillof se instaló cómodamente en el pensamiento de John Maynard Keynes y se encargó de recordarle al Presidente que “Keynes no era ni socialista ni comunista”, en un intento por desarmar las caricaturas habituales. Desde esa plataforma teórica, el gobernador planteó a la inversión como el verdadero remedio contra el desempleo, rechazando de paso el ajuste sobre los salarios que promueven las versiones más ortodoxas. “Keynes sostenía que los empresarios no invierten porque carecen de la certeza de recuperar ese capital con ganancia”, explicó, y acto seguido conectó esa idea con la coyuntura argentina actual. “Caputo les dice a los empresarios: ‘inviertan, estamos haciendo todo para ustedes’. Pero ellos no lo hacen porque ignoran lo que sucederá mañana. Aquí el riesgo no es el riesgo Kuka, ni el riesgo comunista: el verdadero obstáculo es el Riesgo Milei, que sigue cometiendo las torpezas que todos vemos”, sentenció con crudeza.
El gobernador cerró su intervención con una declaración de principios que trascendió el tecnicismo. Afirmó que una nación sin empleo digno y con salarios deprimidos es, en cualquier siglo, “un país asqueroso”. Y añadió, ya en tono militante: “Lo que se necesita aquí es resguardar el trabajo, proteger el poder adquisitivo, cuidar a los jubilados y a las personas con discapacidad, y garantizar la educación y la salud. La teoría económica sirve, es útil, pero alcanza con que a uno le importe genuinamente el que está al lado, que le importe su patria y que se ocupe de defender la soberanía”. El aplauso que siguió a esas palabras tardó en extinguirse, y la sala Victoria Ocampo, tan pequeña para semejante convocatoria, devolvió el eco de un debate que promete extenderse mucho más allá de los muros de la Feria.
