Nueva encuesta ubica a Javier Milei en terreno crítico a un año de gestión

Nueva encuesta ubica a Javier Milei en terreno crítico a un año de gestión

Un sondeo de la Universidad de San Andrés revela una desaprobación del 60% hacia el mandatario, quien además fue superado en imagen positiva por su propia ministra de Seguridad, Patricia Bullrich

El clima de opinión pública atraviesa horas decisivas para la administración libertaria. Una reciente medición del observatorio ESPOP dependiente de la Universidad de San Andrés ha dejado al descubierto un escenario por demás complejo para el gobierno que conduce Javier Milei, al evidenciar un sostenido deterioro en la valoración ciudadana que ningún esfuerzo oficialista ha logrado revertir hasta el momento.

De acuerdo con el relevamiento, el nivel de respaldo a la gestión presidencial se ha estabilizado en un preocupante 37%, mientras que la parcela de la población que manifiesta su rechazo a la administración nacional escaló hasta el 60%. Pero quizás el dato más elocuente del informe no sea el número en sí mismo, sino lo que ocurre con la imagen positiva del propio jefe de Estado: allí, Milei descendió al 35%, ubicándose por debajo de Patricia Bullrich, quien lidera ese rubro con un 37% y se consolida como la figura política con mayor atracción simpatizante en la actualidad.

El trabajo académico adquiere particular relevancia al establecer una comparación histórica con los gobiernos anteriores en el mismo tramo de sus respectivos mandatos. A esta altura de su gestión, Milei se encuentra cinco puntos porcentuales por debajo de lo que registraba Mauricio Macri, quien entonces acumulaba un 42% de aprobación. Sin embargo, aventaja por dieciséis puntos a Alberto Fernández, cuyo respaldo ya languidecía en un paupérrimo 21%. Esta ubicación intermedia —según consignan los analistas— no ofrece motivos ni para el festejo oficial ni para la dramatización opositora, pero confirma sin ambages una tendencia descendente que el oficialismo no ha podido domeñar.


La trayectoria descendente que alarmó en Balcarce 50

Lo que verdaderamente inquieta en los despachos de la Casa Rosada no es tanto la fotografía estática del momento, sino la dirección ineludible de la curva. La aprobación hacia Milei viene experimentando una caída ininterrumpida desde los albores de su gobierno, cuando había logrado superar holgadamente el 50% de respaldo inicial. Desde aquellos meses fundacionales, la línea no ha hecho más que descender de manera persistente hasta aposentarse en una suerte de meseta que oscila entre el 36% y el 38% en los últimos relevamientos periódicos.

Esa relativa estabilización —que el oficialismo esgrime como prueba de haber contenido el derrumbe— esconde una problemática de fondo mucho más grave: la desaprobación se ha consolidado en el 60% y, por el momento, no ofrece signo alguno de retroceso. La variación registrada respecto del mes de abril fue de apenas un punto en cada dirección, lo que certifica que el panorama se encuentra completamente cristalizado y sin fisuras por donde pueda colarse un hipotético repunte.

Si se contrasta esta situación con la de sus antecesores, las diferencias resultan elocuentes. Macri, en el mismo lapso, todavía gozaba de un colchón más amplio de aprobación y su declive fue considerablemente más lento. Alberto Fernández, en las antípodas, ya transitaba una caída libre hacia los pisos más bajos jamás registrados en la serie histórica. Milei se debate así en un territorio intermedio, pero sensiblemente más próximo a la zona de peligro que a la región de confort.


Bullrich supera al Presidente en imagen positiva

Otro hallazgo de significación simbólica que arroja el informe de la Universidad de San Andrés es el cruce de curvas entre la imagen del Presidente y la de su propia ministra de Seguridad. Mientras Milei cayó al 35% de valoración positiva, Bullrich ascendió al 37% y se erigió así como la dirigente con mejor imagen en todo el espectro político nacional. Aunque la diferencia es apenas de dos puntos, el hecho en sí mismo posee una potencia política innegable: la funcionaria encargada de la cartera de Seguridad genera hoy más simpatías que el propio jefe del Estado.

Detrás de ambos, el relevamiento ubica a Cristina Fernández de Kirchner y a Myriam Bregman, ambas empatadas con un 32% de imagen positiva, mientras que Victoria Villarruel y Axel Kicillof cierran el lote con un 31% cada uno. El dato más llamativo del conjunto, sin embargo, es que todos los líderes políticos medidos presentan un diferencial de imagen negativo, lo que habla a las claras de un extendido malestar ciudadano hacia la dirigencia política en su totalidad, sin distinciones de signo partidario.


Vergüenza, asco y rechazo: el sentimiento del 60% que desaprueba

Uno de los aspectos más impactantes de la encuesta reside en la nube de palabras que los consultados utilizaron para describir las emociones que les despierta Milei entre quienes manifiestan desaprobar su gestión. Ese universo, que representa al 60% de la muestra, eligió términos contundentes: vergüenza, asco, rechazo, decepción y bronca encabezan la lista con abrumadora frecuencia.

En las antípodas, entre el reducido 37% que aún aprueba la administración libertaria, la palabra dominante fue esperanza, seguida de lejos por incertidumbre y confianza. Esta fractura emocional de proporciones revela una polarización que trasciende la diferencia política habitual. Ya no se trata simplemente de aprobar o reprobar una gestión de gobierno: estamos ante sentimientos profundamente arraigados que condicionan cualquier intento oficial por ampliar su base de sustentación popular.


Brechas de género y generación

La fotografía completa que ofrece el sondeo de la Universidad de San Andrés también detecta diferencias notorias según el sexo de los encuestados. Entre los varones, el 44% respalda al gobierno, mientras que entre las mujeres ese porcentaje se desploma al 29%. Se trata de una brecha de quince puntos que se ha mantenido estable a lo largo de las últimas mediciones y que constituye un déficit estructural difícil de remontar para el oficialismo.

Por segmento etario, los adultos mayores de sesenta años —pertenecientes a la llamada generación de los Baby Boomers— junto con la Generación X son los grupos que manifestaron los niveles más elevados de aprobación. Por el contrario, los Millennials registran los índices más bajos de respaldo a la gestión libertaria.

En términos de comportamiento electoral, los guarismos no hacen más que confirmar el atrincheramiento absoluto de cada bloque. Entre quienes votaron a Milei en las últimas elecciones, la aprobación se mantiene en el 74%; entre los votantes de Patricia Bullrich, en el 59%. En el otro extremo, la desaprobación alcanza valores abrumadores: 96% entre los electores de Sergio Massa y 97% entre los de Myriam Bregman. Estos números no dejan margen para la especulación: cada porción del electorado permanece férreamente anclada en su posición, y el espacio para movimientos pendulares es prácticamente nulo.


Un gobierno en meseta con el reloj en contra

La conclusión que se desprende del trabajo elaborado por la Universidad de San Andrés es que el gobierno ha logrado, en el mejor de los casos, detener la caída libre de su aprobación, pero a un costo altísimo: quedó atrapado en una meseta baja de la que, hasta ahora, no ha encontrado la manera de salir. Con una desaprobación sólidamente instalada en el 60%, una imagen presidencial que ya fue superada por la de su propia ministra de Seguridad, y un clima emocional profundamente adverso entre la mayoría de la población, el escenario de cara a los comicios de 2027 se presenta como un desafío mayúsculo para el espacio oficialista.

El tiempo político corre, y la historia sugiere que salir de un encierro de estas características requiere algo más que voluntarismo discursivo. El interrogante que hoy cruza los análisis de todos los consultores políticos es si el gobierno dispone de los instrumentos necesarios para modificar esta tendencia antes de que el calendario electoral convierta en definiciones lo que hoy todavía son apenas proyecciones.

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