El trabajador, identificado como Jorge Medina, realizaba labores de recambio de chapas en el establecimiento Haspen cuando perdió el equilibrio al apoyarse sobre una superficie frágil. Pese a contar con equipamiento de protección, debió desprenderse de sus anclajes para ejecutar la maniobra, lo que derivó en una caída de varios metros. El suceso evoca el trágico episodio ocurrido apenas un día antes, aunque con un desenlace distinto.
En la tarde de este martes, un nuevo incidente laboral conmocionó al personal del Ministerio de Educación y a la comunidad del barrio AGP de Río Grande, cuando un empleado del área de infraestructura sufrió una violenta caída desde la cubierta del colegio Haspen, situado en la calle José Ingenieros. Se trata de Jorge Medina, un hombre de 40 años que se desempeñaba en tareas de sustitución de chapas del techo del edificio escolar, una labor que demandaba precisión, experiencia y extremo cuidado debido a la altura.
De acuerdo con los testimonios recogidos en el lugar, el operario contaba en principio con los elementos de seguridad reglamentarios, como arneses y líneas de vida. Sin embargo, la naturaleza misma de la intervención que estaba realizando —el reemplazo de paneles metálicos— lo obligó a desengancharse temporalmente de los puntos fijos para poder movilizarse y alcanzar zonas de difícil acceso. Fue en ese preciso intervalo, durante un instante de máxima vulnerabilidad, cuando Medina pisó inadvertidamente una chapa traslúcida, un material notoriamente frágil e inapropiado para soportar peso corporal. El plástico cedió de inmediato y el trabajador se precipitó al vacío, estrellándose contra la estructura inferior.
La emergencia activó de forma rápida a los servicios sanitarios locales, que acudieron al sitio y trasladaron al herido de urgencia al hospital más cercano. Allí, los médicos constataron la gravedad del cuadro: fracturas expuestas en varias extremidades y múltiples contusiones producto del impacto. Ante el estado crítico del paciente, los profesionales optaron por sedarlo de inmediato y derivarlo al quirófano, donde en estas horas se encuentra siendo intervenido quirúrgicamente. El pronóstico, aunque reservado por la complejidad de las lesiones, no reviste, por el momento, riesgo de muerte.
Lo que más ha estremecido a quienes conocen los antecedentes inmediatos es la asombrosa similitud de este accidente con otro ocurrido apenas veinticuatro horas antes, también en un ámbito laboral con exposición a techos. Aquel episodio, en contraste con el actual, concluyó de manera trágica con el fallecimiento del trabajador involucrado. Por fortuna, en el caso de Jorge Medina, el destino ha dibujado un final diferente: sigue con vida, bajo intensos cuidados médicos, mientras las autoridades educativas y los organismos de seguridad e higiene ya han iniciado las pesquisas para determinar posibles negligencia o fallas en los protocolos de prevención de caídas en alturas. La comunidad aguarda, una vez más, que este tipo de advertencias no se repitan sobre los techos de las escuelas.
