León XIV pisa tierra española: un viaje marcado por la paz, el rechazo al enfrentamiento y un histórico reconocimiento real a los abusos

León XIV pisa tierra española: un viaje marcado por la paz, el rechazo al enfrentamiento y un histórico reconocimiento real a los abusos

El sumo pontífice aterrizó en Madrid en una soleada jornada sabatina, siendo recibido por los monarcas y el presidente del Gobierno en una ceremonia que combinó el boato institucional con gestos de profunda significación eclesiástica y social.

En torno a las diez y media de la mañana de este sábado, todas las miradas y los lentes de los medios se concentraron en el aeródromo madrileño de Barajas. El motivo no era otro que la llegada del papa León XIV, quien iniciaba así su esperada visita a territorio español. El instante del descenso del pontífice se convirtió en una sucesión de instantáneas para la historia, con la pista de aterrizaje convertida en un escenario diplomático de primer orden. Allí, los reyes Felipe VI y Letizia, junto al jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, encabezaron una comitiva excepcional que acompañó al líder vaticano desde los pies del avión hasta su primer destino oficial.

El desplazamiento inicial del sumo jerarca católico tuvo como epicentro el Palacio Real, una mole central rodeada por una multitudinaria marea de fieles que no cesaron de vitorear su llegada. Mientras los monarcas caminaban a su lado, marcando el protocolo más elevado como anfitriones de la nación, el presidente del Gobierno no quedó solo en la recepción: un nutrido grupo de miembros de su gabinete, entre los que sobresalían los ministros José Manuel Albares y Félix Bolaños, rodearon a Sánchez en el momento cumbre de la acogida palaciega. La representación de la capital recayó en la presidenta autonómica, Isabel Díaz-Ayuso, y el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, quienes completaron el cuadro de autoridades sobre la alfombra roja.

Una vez concluido el ceremonial en el aeropuerto, la jornada se trasladó al céntrico Palacio Real, donde la bienvenida alcanzó una dimensión más íntima y, a la vez, más solemne. Allí se produjo un encuentro del papa con la totalidad de la familia real, incluyendo a la princesa de Asturias, Leonor, y su hermana, la infanta Sofía. El acto incluyó un paseíllo o tradicional “pasamanos” que permitió a León XIV saludar a las más altas personalidades políticas del país. Desfilaron ante él, además de Sánchez y sus ministros, los expresidentes del Gobierno Mariano Rajoy, José María Aznar y Felipe González, así como una nutrida representación de mandatarios autonómicos, desde Emiliano García-Page hasta Juanma Moreno. No obstante, en este apartado político, las figuras eclesiásticas mantuvieron un perfil más bajo en lo mediático, pese a cumplir con rigor el protocolo.

El clímax de la velada llegó con los discursos posteriores a los honores. El rey Felipe VI rompió su silencio habitual sobre uno de los asuntos más espinosos para la institución monárquica y la iglesia: los abusos sexuales en el seno eclesiástico. El monarca mencionó el tema por primera vez en un contexto público y ante el propio pontífice, un gesto cargado de simbolismo. Por su parte, León XIV centró su alocución en un llamamiento rotundo contra la “cultura del enfrentamiento” y lanzó un encendido respaldo a los “mensajes de paz”, en un intento de tender puentes en una sociedad políticamente fragmentada.

Tras concluir la ceremonia en el interior del palacio, el sumo pontífice ofreció la estampa más esperada por los ciudadanos de a pie: su primer recorrido a bordo del conocido papamóvil por las arterias de la capital. El vehículo blanco avanzó lentamente entre cánticos y banderas, mientras el líder vaticano saludaba sin descanso a los miles de personas que abarrotaban las aceras y balcones, sellando así el inicio de una visita oficial que promete quedar grabada en la memoria colectiva de España.

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