La epopeya de Hwang In-beom: golazo, asistencia histórica y una gesta que encumbra a Corea del Sur en el Mundial

La epopeya de Hwang In-beom: golazo, asistencia histórica y una gesta que encumbra a Corea del Sur en el Mundial

El volante del Feyenoord se erigió como la figura excluyente del segundo cotejo del certamen global, firmando el tanto más bellamente ejecutado hasta el momento y la habilitación decisiva para que su escuadra doblegara 2-1 a República Checa, en un vibrante duelo correspondiente al Grupo A.

En el vibrante escenario del segundo encuentro de esta Copa del Mundo, no solo se consumó un triunfo ajustado pero merecido del combinado surcoreano sobre su par checo por dos goles contra uno, sino que también emergió, con luz propia, la deslumbrante actuación de un futbolista destinado a grabar su nombre en la memoria del torneo. Hwang In-beom, mediocampista de los asiáticos, se transformó en el protagonista absoluto de la jornada al anotar el primer golazo de la justa universal y, acto seguido, proporcionar la asistencia que selló la victoria de su equipo.

La historia de esta remontada comenzó a escribirse con un mazazo para los surcoreanos. A los trece minutos del período complementario, el defensor europeo Ladislav Krejci abrió el marcador y puso a su escuadra en ventaja, sembrando dudas en la hinchada oriental. Sin embargo, la respuesta no tardó en llegar y tuvo ribetes de antología. A los veintiún minutos de esa misma mitad, la pelota llegó al sector izquierdo del ataque de Corea del Sur, donde Hwang In-beom recibió un pase filtrado proveniente de Kang-in. Lo que vino después fue una secuencia de pura exquisitez técnica: con un control orientado, el jugador del Feyenoord dejó en el camino al marcador Robin Hranác con un amague seco, encaró al arquero Matej Kovar y, en lugar de recurrir a la violencia del remate, abrió su pierna diestra para acariciar el esférico y depositarlo con suavidad dentro de la red adversaria. El empate era una realidad, pero la obra aún no había concluido.

Como si semejante joya no fuera suficiente para una sola tarde, Hwang In-beom decidió agigantar aún más su leyenda personal. Corría el minuto treinta y cuatro del mismo período cuando, esta vez desbordando por la banda derecha, el volante volvió a burlar la contención rival y envió un centro milimétrico, quirúrgico, hacia el corazón del área. Allí apareció Oh Hyeon-Gyu, quien con un toque de primera y una definición fulminante, soltó un disparo que, tras impactar en el pecho del portero Kovar, se enredó en sus guantes y se coló lentamente por el segundo palo de la portería checa, desatando la locura en el banquillo y en las gradas que apoyaban al conjunto asiático. El 2 a 1 era irreversible, y la hazaña llevaba una firma inconfundible.

De este modo, después de setenta y cuatro presentaciones vistiendo la camiseta de Corea del Sur —cinco de ellas en certámenes mundialistas—, Hwang In-beom alcanzó dos hitos que jamás borrará de su memoria: su primer tanto y su primera asistencia en una cita ecuménica del fútbol. Y lo hizo, además, con dos gestos técnicos de altísima factura que quedarán para la posteridad como el instante en que un jugador común se vistió de héroe y escribió, con el pincel de la elegancia, la página más brillante de su carrera internacional.

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