Ofensiva sin tregua: Estados Unidos intensifica su lluvia de proyectiles sobre Irán mientras Teherán cierra el paso de Ormuz y multiplica las advertencias

Ofensiva sin tregua: Estados Unidos intensifica su lluvia de proyectiles sobre Irán mientras Teherán cierra el paso de Ormuz y multiplica las advertencias

En una escalada que ya suma dos jornadas consecutivas de agresiones, el Pentágono ejecutó nuevos bombardeos de “defensa propia” contra objetivos en la República Islámica. El presidente estadounidense, Donald Trump, acusó a los líderes iraníes de alargar las deliberaciones de manera deliberada y prometió un castigo ejemplar. Mientras tanto, las autoridades de Irán respondieron sellando por completo el estratégico estrecho de Ormuz, disparando contra embarcaciones que osaron desafiarlo y calificando las amenazas norteamericanas como un síntoma de desesperación.

En una nueva demostración de fuerza que estremeció las ya de por sí frágiles bases de la paz regional, las fuerzas armadas de los Estados Unidos reanudaron durante la noche del miércoles su cascada de bombardeos contra territorio iraní. Esta ofensiva, que se extiende por segundo día consecutivo, llegó escoltada por las duras palabras del mandatario republicano, Donald Trump, quien desde la sala de crisis de la Casa Blanca no dudó en calificar la actitud de Teherán como una burla deliberada hacia su país. Según la visión del magnate, los persas han estado demorando de manera intencionada la concreción de un acuerdo de paz, un comportamiento que, en sus propias palabras, merece un costo elevado.

El mando central estadounidense, conocido como Centcom, fue el encargado de difundir la noticia a través de un mensaje en la plataforma X. Allí detalló que, obedeciendo la orden directa del comandante en jefe, los proyectiles comenzaron a caer sobre múltiples posiciones en Irán desde las 5:15 de la tarde. El comunicado, de tono seco y militar, evitó entregar precisiones sobre la duración de los ataques o la naturaleza exacta de los blancos seleccionados, limitándose a justificar la agresión como una respuesta necesaria ante los hostigamientos continuos e injustificados que Irán viene perpetrando.

Las consecuencias de esta arremetida no se hicieron esperar en el suelo iraní. Diversos medios locales reportaron detonaciones potentes en Bandar Abbas, una urbe costera que se asoma directamente al estrecho de Ormuz y que alberga una importante base militar de los guardianes de la revolución. Las explosiones también sacudieron el condado de Sirik, así como las islas de Qeshm y Hengam, donde el estruendo se mezcló con la alarma ciudadana. La agencia de noticias Mehr informó que en la capital, Teherán, las baterías antiaéreas fueron activadas de inmediato, mientras que la emisora oficial IRIB confirmó la existencia de al menos dos heridos en la localidad de Kargan, situada en la provincia de Hormozgan.

Paralelamente a la lluvia de explosivos, Trump mantenía una comunicación directa con un grupo de oficiales iraníes, a quienes exigió desde la sala de crisis de la Casa Blanca que accedan sin más dilaciones a la mesa de negociaciones. En un detalle que buscó remarcar la autonomía de la operación, el presidente norteamericano aclaró que, en esta ocasión, las fuerzas de Israel no habían participado ni colaborado en los bombardeos, a diferencia de lo ocurrido en episodios bélicos previos. Horas antes, en el Despacho Oval, el mandatario había sido aún más explícito ante la prensa, prometiendo que los ataques serían durísimos y lamentando que los iraníes siguieran alargando las conversaciones como si estuvieran tomando por imbéciles a sus interlocutores.

Este pulso de alta tensión adquiere una dimensión adicional si se considera el contexto deportivo: en vísperas del inicio del Mundial de fútbol, donde la selección iraní deberá disputar un partido en suelo estadounidense, Trump lanzó una frase cargada de simbolismo al sostener que los persas habían demorado demasiado el cierre de un pacto y que, por lo tanto, era hora de que sufrieran las consecuencias.

La disputa por el dominio del estrecho de Ormuz se erige como el telón de fondo principal de esta confrontación. Trump aseguró que un operativo secreto que ordenó poner en marcha en mayo pasado permitió liberar alrededor de cien millones de barriles de crudo que permanecían atrapados en el golfo Pérsico debido al cierre de esa vía marítima. En su cuenta de Truth Social, el mandatario presumió de que más de doscientas naves comerciales han logrado transitar con seguridad por el paso, un éxito que atribuyó sin ambages al control absoluto que ejercen los Estados Unidos sobre ese cuello de botella energético. Sin embargo, el magnate republicano no ofreció detalles adicionales sobre la naturaleza de ese operativo, que busca contrarrestar el bloqueo impuesto por Irán desde el inicio de la guerra, el pasado 28 de febrero.

Frente a esta presión, la respuesta de Teherán no se hizo esperar ni fue tibia. Al filo de la madrugada del jueves, el Ejército iraní anunció el cierre completo del estrecho de Ormuz para toda clase de embarcaciones, advirtiendo que cualquier intento de cruce será recibido con disparos. La Guardia Revolucionaria, a través de la agencia Tasnim, confirmó que ya había abierto fuego contra dos buques que osaron desafiar la prohibición. Esta decisión, que amenaza con estrangular una de las rutas marítimas más vitales del planeta, ya había provocado un incremento del treinta y cinco por ciento en los precios del crudo desde marzo, aunque las cotizaciones de referencia se mantienen relativamente estables gracias a las propias negociaciones entre las dos potencias enfrentadas.

Desde la cúpula iraní, el presidente Masoud Pezeshkian salió al cruce de las amenazas norteamericanas con un discurso que buscó revertir el signo de la intimidación. En su cuenta de X, el mandatario persa afirmó que las advertencias de Trump sobre atacar infraestructuras críticas no son una demostración de poder, sino más bien un signo inequívoco de desesperación ante la determinación inquebrantable de la nación iraní. Pezeshkian subrayó que las redes de transporte, los sistemas eléctricos y las fuentes de agua son el sustento vital de la población, y amenazar con destruirlos no hace más que evidenciar la impotencia de quien profiere tales advertencias.

La guerra, que se desató el 28 de febrero con los ataques combinados de Israel y Estados Unidos contra Irán, sumió a la región en una vorágine de caos que sacudió los mercados mundiales hasta el establecimiento de una frágil tregua el 8 de abril. Desde entonces, los enfrentamientos no han cesado por completo. Irán afirmó haber atacado bases estadounidenses en Jordania y Baréin como represalia por el derribo de un helicóptero Apache, una acción que Teherán atribuyó a un dron de su propiedad. Afortunadamente, los dos tripulantes de la aeronave sobrevivieron al impacto y fueron rescatados cerca de las costas de Omán. Por su parte, Baréin declaró haber interceptado varias incursiones aéreas iraníes, mientras que Jordania informó la destrucción de cinco misiles que tenían como objetivo la base de Azraq, sin que se registraran víctimas. Kuwait también movilizó sus defensas aéreas para repeler lo que denominó «objetivos aéreos hostiles».

En el plano diplomático, la Cancillería iraní lanzó una advertencia a los vecinos del Golfo, a quienes responsabilizó legal y moralmente de impedir que los ataques estadounidenses e israelíes se lancen desde sus territorios. Mientras tanto, en la ciudad portuaria de Sirik, unas veinte mil personas se quedaron sin acceso al agua potable debido a que los bombardeos estadounidenses alcanzaron dos depósitos de almacenamiento en la zona. Esta nueva ronda de hostilidades provocó encendidos llamados a la moderación por parte de Rusia y China, aliados tradicionales de Irán. Moscú expresó su extrema preocupación por la confrontación, mientras que Pekín instó a adoptar medidas concretas para aliviar las tensiones.

En el espinoso frente nuclear, uno de los principales motores del desencuentro entre Teherán y Washington, la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica aprobó en Viena una resolución que exige a Irán proporcionar información completa sobre sus inventarios de material nuclear. El representante iraní ante la ONU en Viena, Reza Najafi, calificó esta decisión como contraproducente en la situación actual, sumando un nuevo punto de fricción a un escenario ya de por sí explosivo.

Mientras el mundo contempla con estupor esta escalada, el tambaleante alto el fuego no encuentra sosiego ni en otros frentes. En Líbano, la tregua se vio nuevamente quebrantada cuando Irán e Israel reanudaron los ataques durante el fin de semana, apenas antes de anunciar una pausa. El detonante fue un bombardeo sobre Beirut, una capital que se vio arrastrada al conflicto el pasado 2 de marzo, cuando el movimiento proiraní Hezbolá lanzó cohetes contra territorio israelí. La respuesta hebrea no se hizo esperar y derivó en una campaña de bombardeos e invasión terrestre que ya ha cobrado la vida de más de tres mil seiscientas personas. El miércoles, Naciones Unidas anunció el envío de una misión para investigar las violaciones de derechos humanos en suelo libanés, mientras que el secretario general Antonio Guterres lamentó la escalada de ataques y retórica de las últimas cuarenta y ocho horas, advirtiendo contra un peligroso deslizamiento hacia una guerra total en el Golfo. Una fuente médica confirmó que, solo en la jornada del miércoles, doce personas perdieron la vida en el sur de Líbano debido a los ataques israelíes.

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