La paradoja opositora: el peronismo se desgarra en internas mientras el gobierno de Milei se desvanece

La paradoja opositora: el peronismo se desgarra en internas mientras el gobierno de Milei se desvanece

A dos años del grito de guerra en el estadio Atenas, el frente opositor atraviesa su peor momento de fractura. Mientras la gestión libertaria se hunde en indicadores negativos, el campo peronista escenifica una disputa sin cuartel entre el kirchnerismo duro y el gobernador Axel Kicillof, con la proscripción judicial de Cristina Fernández de Kirchner como telón de fondo y el fantasma de una competencia fragmentada en las PASO de 2027.

En el ajedrez político argentino, la principal fuerza opositora transita una fase de inquietante contradicción: a medida que la administración de Javier Milei evidencia un desgaste creciente y el horizonte electoral se tiñe de posibilidades para el peronismo, sus propias huestes se enfrascan en una pulseada interna que amenaza con dilapidar cualquier chance de recuperar el poder. Lejos de la unidad que pregonan sus discursos, los distintos estamentos del movimiento nacional y popular han elevado el tono de sus diferencias hasta un punto de no retorno, replicando aquella jornada en el estadio Atenas de La Plata, cuando el cántico de «si querés otra canción, vení, te presto la mía» se convirtió en la banda sonora de una grieta que hoy se profundiza.

El detonante de la reciente escalada fue el aniversario del encarcelamiento de la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner, fecha que en lugar de convocar a la reflexión conjunta, se transformó en un escenario de reproches cruzados entre los lugartenientes de la vicepresidenta y el entorno del gobernador bonaerense. La chispa saltó cuando el diputado Máximo Kirchner, en un acto político, cuestionó con dureza a aquellos que «hablan todos los días de unidad pero no son capaces de ir a verla» a la detenida, una alusión directa que encontró inmediata respuesta desde la Casa de Gobierno provincial. El ministro Carlos Bianco salió al cruce con una réplica punzante, recordando que el mandatario ya había mantenido una visita en octubre y preguntando retóricamente si la lealtad se mide por la frecuencia de los encuentros carcelarios. Este intercambio de dardos destapó una olla a presión que venía cocinándose a fuego lento.

Los sectores más ortodoxos del kirchnerismo no ocultan su descontento y tildan abiertamente a Kicillof de «desleal», esgrimiendo que su verdadera ambición es construir un peronismo despojado del liderazgo indiscutido de la exmandataria. «Quiere un peronismo sin Cristina», sentencian con vehemencia, mientras desde las oficinas de La Plata denuncian una maniobra orquestada por La Cámpora para utilizar la situación judicial de la líder como un ariete contra su gestión. La acusación mutua es tan explícita como grave: los camporistas habrían «blanqueado» una estrategia que coloca a Cristina como candidata, a Máximo en la conducción partidaria y a Axel como el adversario a vencer dentro del mismo espacio.

La comunicación entre ambos referentes, según confiaron fuentes cercanas al gobernador, se interrumpió abruptamente después de un encuentro fallido el 1 de octubre del año pasado en la sede del Instituto Patria. Aquella reunión, que se extendió por espacio de hora y media, fue calificada como «muy negativa» por los asistentes, predominando las críticas personales sobre cualquier atisbo de planeamiento estratégico. Desde la Gobernación sostienen que no existe voluntad de repetir esa dinámica estéril, y afirman que Kicillof se muestra predispuesto a debatir el futuro del armado político, pero se niega a sepultarse en recriminaciones sobre el pasado. «Si el objetivo es discutir el régimen de las PASO, las reelecciones municipales, el posible desdoblamiento electoral o la táctica nacional, Axel está dispuesto a sentarse a conversar. Pero no hay ninguna señal en ese sentido», argumentan, dejando entrever que un acercamiento en el corto plazo luce improbable.

El diagnóstico del exministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, resumió con crudeza el sentir de la facción cristinista al afirmar que Kicillof, «por renegar de su origen, perdió todo tipo de identidad». La percepción que anida en el núcleo duro de La Cámpora es que el gobernador busca deliberadamente prescindir del capital político de Cristina, a quien considera la artífice de su vertiginosa carrera política, para erigirse en una suerte de alternativa peronista «light» que seduzca al denominado círculo rojo. El temor subyacente es que el proyecto del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) intente cosechar los frutos electorales de la marca kirchnerista sin someterse a su tutela ni compartir el poder con sus dirigentes históricos, una maniobra que desde La Plata rechazan de plano calificándola de operación mediática para desgastarlos.

Esta escalada retórica tuvo su punto culminante en la última semana, con una andanada de críticas públicas que partieron desde el legislador Mario Ishii hasta el mediático Guillermo Moreno, quien no dudó en recordar que «sin Cristina, Kicillof no existiría». Sin embargo, el mandatario provincial optó por una estrategia de desmarque y silencio, reuniéndose con los referentes del MDF para pedirles que eviten caer en provocaciones y concentren sus energías en la construcción de un andamiaje nacional, bajo la consigna de responder con hechos de gestión antes que con réplicas verbales.

En las antípodas de esta postura, el acto en el Parque Lezama marcó el inicio de una nueva ofensiva política destinada a instalar la figura de Cristina Fernández de Kirchner como candidata, a pesar de su inhabilitación judicial. Máximo Kirchner, como único orador de la convocatoria, fue contundente al afirmar que dejarán «la vida» para que su madre sea postulable, desafiando la proscripción y llamando a no naturalizar el fallo de la Causa Vialidad. Esta premisa abre un abanico de posibilidades institucionales que van desde la propuesta del diputado Miguel Ángel Pichetto para que el Congreso anule la sentencia, hasta las especulaciones sobre una eventual amnistía o indulto, un terreno pantanoso que el gobernador Kicillof prefiere esquivar con cautela, aunque sin cerrar puertas.

El objetivo estratégico del kirchnerismo no es solo reivindicar a su líder, sino también reconfigurar el mapa del Poder Judicial, poniendo fin a lo que consideran una persecución política orquestada desde los estrados judiciales. En este sentido, la figura de un eventual indulto genera incomodidad en la Gobernación, donde señalan que cualquier pronunciamiento debe esperar el veredicto de la propia implicada. Mientras tanto, la discusión sobre el futuro electoral se vuelve cada vez más tensa, con la mayoría de los analistas coincidiendo en que las condiciones para una fórmula de unidad son hoy prácticamente inexistentes.

El escenario que se vislumbra para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) de 2027 es el de una competencia feroz no solo entre Kicillof y la eventual candidatura de Cristina, sino también con otros referentes como Sergio Massa, Juan Grabois, el sanjuanino Sergio Uñac o el banquero Jorge Brito, todos ellos con aspiraciones dentro del arco peronista. En La Plata confían en su capacidad para doblegar a todos los postulantes en las urnas, mientras que La Cámpora acepta el desafío de la interna pero con una exigencia tajante: que sus rivales se abstengan de utilizar la figura de la exmandataria en sus campañas, un reclamo que evidencia la posesividad sobre el legado político.

En un giro paradójico, tanto Máximo Kirchner como Kicillof coinciden en invocar el fantasma de Alberto Fernández como un ejemplo nefasto a evitar, utilizando al expresidente como un espejo de los errores que no deben repetirse. Los primeros vinculan la falta de lealtad hacia Cristina con una complacencia hacia los poderes fácticos, mientras que los segundos acusan al kirchnerismo de intentar establecer un «doble comando» que intervenga en una eventual administración nacional, desdibujando las funciones del primer mandatario.

Ante la desazón que cunde entre las bases militantes, un veterano dirigente del Partido Justicialista intenta poner paños fríos a la situación y apela a la paciencia, recordando que aún resta un largo trecho para los comicios de 2027. «No vale la pena preocuparse ahora», reflexiona, aunque su frase final, cargada de un pragmatismo sombrío, revela la incertidumbre del momento: «Todavía todo puede empeorar».

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