La sombra del poder: Adorni, gastos suntuarios y un entramado de testigos en la mira judicial

La sombra del poder: Adorni, gastos suntuarios y un entramado de testigos en la mira judicial

El entramado de maniobras financieras y presiones testimoniales del exjefe de gabinete emerge con crudeza en la causa que lo investiga por enriquecimiento ilícito, salpicando a colaboradores cercanos y revelando un modus operandi de opacidad y control.

En medio de un torbellino de erogaciones desmedidas que marcaron sus últimos meses al frente de la maquinaria estatal, cuando aún restaba un trimestre para que asumiera formalmente como jefe de gabinete, la figura de Manuel Adorni quedó retratada en su faceta más extravagante. Fue en el caluroso agosto de 2025, un período donde la opulencia parecía no tener límites y la remodelación integral de su residencia campestre en Indio Cuá ya lucía esplendorosa, que el entonces funcionario no pudo resistirse a la adquisición de un monitor Samsung Smart de altísima gama, un dispositivo que integraba de fábrica una consola de videojuegos Xbox, destinado a equipar el flamante playroom de su hogar. El costo de semejante capricho tecnológico ascendió a la friolera de 2.184.999,05 pesos, un desembolso que, para sorpresa de propios y extraños, no fue afrontado con fondos propios en el momento de la transacción.

Aparentemente, la liquidez del exvocero presidencial no alcanzaba para cubrir ese gasto en efectivo, por lo que se vio en la necesidad de recurrir a un crédito plástico que, de manera inexplicable, se encontraba vinculado a su cuenta de Mercado Pago. La particularidad de esta operación residía en que la titular de esa tarjeta no era Adorni, sino una subordinada directa, una funcionaria de la Vocería Presidencial que, en el día de ayer, se presentó ante los estrados judiciales de Comodoro Py, en un escenario donde el exfuncionario ya no ostenta poder alguno. Se trata de Laura Schiuma, quien en su declaración testimonial relató que su entonces jefe le reintegró el importe total en billetes de curso legal tiempo después, una circunstancia que no hace sino corroborar una de las aristas más reveladoras del expediente: la sistemática utilización de personal a su cargo y de tarjetas ajenas con el propósito de ocultar y desdibujar el origen de sus dispendios.

Este patrón de conducta no fue un hecho aislado, sino que se replicó en otras adquisiciones igualmente suntuosas. Tal es el caso de las sábanas de lujo, cuyo comprobante de pago, por la desorbitante suma de 8 millones de pesos, fue endosado a nombre de Gisela Kocsis, su secretaria privada de mayor confianza. Ese valioso comprobante, que atestigua el desvío de fondos y la simulación de gastos, fue hallado en el teléfono celular del contratista Matías Tabar, el hombre a cargo de la monumental obra en el exclusivo country. El contenido de ese dispositivo móvil se ha convertido en una verdadera caja de Pandora que sigue generando nuevos quebraderos de cabeza para el exfuncionario. De allí se desprendió, también en la jornada del lunes, una filtración que expone la voluntad de Adorni por incidir en el rumbo de la investigación, ofreciéndole al mencionado contratista su «soporte, como les di a todos», en una clara alusión al resto de los testigos que han desfilado por la causa durante las semanas más álgidas del acoso judicial.

Si el exjefe de gabinete albergaba la esperanza de que su salida del gobierno, presentada como una renuncia voluntaria pero interpretada por muchos como un despido encubierto, sumada a los esfuerzos retóricos del presidente Javier Milei por victimizarlo, tendrían un efecto calmante sobre la presión judicial, el primer día hábil sin cargo público le demostró la cruda realidad de su situación. Por un lado, se produjo la citación de Schiuma para que prestara declaración, y por otro, se sumó la devastadora filtración de un registro de audio donde se percibe con total nitidez la voz del propio Adorni intentando coordinar y alinear el testimonio del contratista Tabar. Ya no son meros intercambios de mensajes de texto, sino su propia voz la que queda al descubierto, contradiciendo frontalmente uno de sus principales artilugios defensivos durante todo este tiempo, aquel de proclamar que no deseaba «interferir en la investigación» para así eludir dar explicaciones públicas sobre la disparidad entre sus ingresos y su creciente patrimonio.

El escenario se tornó aún más adverso para el exfuncionario cuando el abogado Gregorio Dalbón, quien junto a la diputada Marcela Pagano fueron los primeros en elevar la denuncia, solicitó formalmente al tribunal que se dicte la prisión preventiva de Adorni y que, paralelamente, se le prohíba abandonar el territorio nacional. Dalbón fundamentó su petición en la existencia de «riesgos concretos» de fuga y de «entorpecimiento de la investigación». Para sostener su postura, el letrado se basó precisamente en el contenido del teléfono de Tabar. Aunque la presentación formal se realizó antes de que se conocieran los audios, los mensajes de texto ya incorporados al expediente resultan por sí mismos contundentes, donde Adorni le dice a su contratista: «Podés contar conmigo para lo que necesites. Tenés todo mi apoyo. Te van a estar llamando de mi equipo. El abogado».

El nuevo material de audio, que fue revelado a la opinión pública por la periodista Romina Manguel en el transcurso del lunes, forma parte de la misma interacción entre Adorni y el responsable de la obra y expone sin ambages que el exjefe de gabinete poseía un conocimiento pormenorizado de cada avance del proceso judicial y, desde su posición de autoridad, se abocaba a la tarea de encauzar las deposiciones de quienes eran convocados por el fiscal Gerardo Pollicita. La grabación se inicia con un reconocimiento de la fecha fijada para el testimonio de Tabar, pautado para el 4 de mayo. «Mati, querido, ¿qué hacés? ‘Cuchame’, yo te tengo que hablar hace como diez, quince días. Este finde voy a ir a Indio, así que si querés hablamos ahí que voy a estar más tranquilo por el tema del 4 de mayo», se escucha decir a Adorni.

Acto seguido, se reproduce el fragmento que resulta más perjudicial para su defensa. «Nada, obviamente, te voy a dar todo el soporte que necesites, despreocupate, como hice con todos, eso está de más decírtelo, pero contás con todo, todo lo que yo te puedo ayudar. Es una boludez, pero para que vos te quedes tranquilo y que todos nos quedemos tranquilos». El contenido de este diálogo no hace más que reforzar la línea argumental de los mensajes escritos, pero añade un elemento de gravedad mayúscula al confirmar que el exfuncionario ya había desplegado esa misma estrategia «con todos». Antes que Tabar, ya habían desfilado por la causa la escribana Natalia Nechevenko, las policías vinculadas a los préstamos para la compra de la propiedad en Indio Cuá, Graciela Isabel Molina de Cancio y su hija Victoria María José Cancio, y las jubiladas Beatriz Viegas y Claudia Sbabo, quienes le habían vendido el departamento de la calle Miró al 500.

Sin embargo, el cariz más grotesco de la conversación se manifiesta en su epílogo, un tramo que roza lo esperpéntico y que pinta de cuerpo entero la personalidad del protagonista. Adorni, al parecer, se veía acuciado por un problema doméstico de índole menor, pero que en su fuero íntimo parecía equiparable en gravedad a la declaración judicial de su contratista. Antes de dar por finalizada la grabación, el exfuncionario se permite desviar el eje del diálogo para consultar: «Te cambio completamente de tema. Tengo una térmica, vos viste, el tablero afuera a la calle, un tablero que mira hacia el cerco, de la columna al cerco, externo a la columna, y del otro lado, del lado que mira a la calle, tengo una sola llave adentro como de un cubículo. Esa me salta sistemáticamente. También la de la bomba, la general que está en la pileta. No sé si está relacionado o no, yo creo que no, ¿tenés idea qué puede ser o qué se puede hacer para solucionarlo? Porque estoy desesperado». Tal era el desparpajo y la sensación de impunidad que manejaba el exjefe de gabinete, que en el mismo mensaje en el que buscaba amañar una declaración testimonial de vital importancia para su futuro procesal, manifestaba su angustia por un interruptor eléctrico que fallaba en su residencia de lujo.

El testimonio de Laura Schiuma de este lunes viene a cerrar el capítulo lúdico y tecnológico del caso Adorni. Hacia el final de la semana pasada, cuando la destitución de la jefatura de gabinete ya era un hecho consumado, se había conocido que el exvocero había desembolsado más de 5 millones de pesos en el monitor para sus juegos y proyectores, a los que se sumaban otros 8 mil dólares en un flipper de la temática de Los Locos Adams, todo destinado al esparcimiento en su nueva residencia campestre. Schiuma confirmó que la pantalla fue adquirida con su plástico bancario y que posteriormente Adorni le reintegró el dinero, una mecánica que se presume idéntica a la utilizada con Luis Enrique Aluju, otro subalterno, en relación a los dos proyectores, y con Gisela Kocsis para las sábanas. Pero esta práctica de ocultar gastos a través de terceros podría tener ribetes aún más profundos en el caso de Schiuma, quien registra en su historial crediticio gastos mensuales que rozan los 20 millones de pesos, según consta en los registros de deudores del Banco Central, montos que, aunque podrían incluir otro tipo de préstamos, siguen siendo exorbitantes para la remuneración de un agente del Estado, por más alto que sea su rango jerárquico.

Tal como lo había anticipado el periodista Raúl Kollmann en las páginas de Página/12 el pasado domingo, Adorni no se limitó a los artículos electrónicos. Su voracidad consumista también se extendió a la decoración y el mantenimiento de su propiedad, con desembolsos cercanos a los 40.000 dólares en mobiliario de diseño, otros 7.000 en sistemas de jardinería y riego, y una cifra similar en la construcción de una parrilla de lujo. Todo este derroche de dinero se producía mientras el propio Adorni declaraba percibir un sueldo de 3.500.000 pesos mensuales. Sin embargo, el interrogante que persiste y que ahora la justicia deberá dilucidar es cómo pudo financiar semejante tren de vida, y, en caso de no poder justificarlo, quién podrá quitarle ahora lo disfrutado, en un escenario donde las pruebas y los testimonios comienzan a cercarlo sin dejar resquicio.

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