En medio del éxtasis por el agónico triunfo ante Egipto, el presidente Javier Milei y su hermana Karina salieron al ruedo mediático para capitalizar el fervor popular. Detrás del fervor futbolístico, el círculo íntimo del Gobierno, liderado por el estratega Santiago Caputo, despliega una ofensiva en las redes sociales para estigmatizar al peronismo como «enemigo de la Scaloneta», en una maniobra que busca revertir el desgaste de la imagen presidencial y trazar una feroz batalla cultural contra el islam.
Apenas el silencio sepultó el estruendo del estadio y la hazaña descomunal del conjunto nacional que, contra todo pronóstico, revirtió un marcador adverso frente a la escuadra faraónica, la figura del primer mandatario emergió con premura en los estudios radiales. No lo hizo solo para elogiar la proeza deportiva, sino para subirse con vehemencia al carro del triunfalismo que recorre la sociedad argentina. Javier Milei concedió una entrevista en exclusiva a uno de los comunicadores de su mayor confianza, Alejandro Fantino, en un diálogo donde deslizó definiciones políticas y trazó líneas maestras de su narrativa, buscando conectar con esa porción del electorado que, según las últimas mediciones, le había comenzado a girar la espalda.
Sin embargo, la movida comunicacional del mandatario no fue un acto solitario. En una maniobra que despertó sorpresa en los círculos políticos, al término de la intervención de Milei, una voz femenina tomó la línea telefónica en el programa de Neura. Se trataba de Karina Milei, la hermana del Presidente y secretaria general de la Presidencia, quien se expuso al frente de los micrófonos en una situación que, por su rareza, adquirió relevancia mayúscula. Desde el 10 de diciembre de 2023, la hermana del jefe de Estado ha evitado sistemáticamente el escrutinio de las preguntas abiertas, y esta incursión radial apenas constituiría la tercera ocasión en que rompe su hermetismo habitual. Su presencia, aunque breve, fue interpretada como un espaldarazo familiar a la estrategia oficial y un mensaje de unidad en el núcleo duro del poder.
La euforia desatada por el pase a la siguiente ronda del torneo internacional encontró al Gobierno en un estado de máxima alerta comunicacional. Conscientes de que el equipo conducido por Lionel Messi goza de una popularidad incontrastable y genera una adhesión transversal que pocos fenómenos sociales logran convocar, desde Balcarce 50 se multiplicaron los esfuerzos por aprovechar ese «viento de cola». A través de un aluvión de publicaciones en la red social X, donde abundan los mensajes en mayúsculas, junto con imágenes en Instagram y otras plataformas digitales, el oficialismo ensaya una suerte de «efecto contagio» para que la épica futbolística se traduzca en un rédito político que permita recuperar el afecto de sus simpatizantes más lúcidos, aquellos que comenzaban a mostrar signos de desencanto frente a la gestión económica.
La artillería pesada de esta operación de seducción no se limita a los posteos espontáneos, sino que responde a una directiva precisa orquestada desde el despacho del asesor estrella, Santiago Caputo. En la Casa Rosada existe una consigna que se repite con la disciplina de un manual de guerra: avanzar sin titubeos en la construcción de la denominada «falacia del hombre de paja», una herramienta retórica que ahora se emplea con virulencia contra la oposición peronista. El objetivo central es instalar en el imaginario colectivo la premisa de que la hazaña de la Albiceleste es patrimonio exclusivo del actual gobierno, estableciendo un vínculo simbólico y casi sobrenatural entre la figura de Milei y el éxito deportivo, al tiempo que se busca despegar a la fuerza política contraria de esa misma energía positiva. La idea subyacente es que el justicialismo y, en particular, el kirchnerismo, son ajenos —cuando no abiertamente hostiles— al sentimiento nacional que despierta la camiseta celeste y blanca.
Esta narrativa encuentra su principal campo de batalla en el ecosistema digital, donde el sector comandado por Caputo, con la figura del conocido operador «Gordo Dan» como punta de lanza en la plataforma X, ha desatado una ofensiva implacable. La estrategia consiste en esparcir la consigna de que el kirchnerismo no solo desprecia a Lionel Messi, sino que alberga el deseo oculto de que el combinado nacional fracase en su empresa. Este discurso no permanece confinado a los tuits, sino que es retroalimentado y amplificado desde las pantallas de televisión por conductores afines al oficialismo, quienes actúan como caja de resonancia de los postulados del equipo de Caputo.
Un ejemplo elocuente de esta metodología se evidenció en las horas posteriores al sufrido triunfo por 3 a 2. Mientras la hinchada celebraba la remontada, el «Gordo Dan» lanzó una provocación directa en sus redes, aludiendo con sorna a la efímera alegría de los «kukitas» durante el lapso en que el marcador fue adverso. El propio Santiago Caputo, en un ejercicio de retórica que roza la mística, publicó un mensaje en el que especulaba con las improbables probabilidades matemáticas de revertir el resultado en los minutos finales, atribuyendo la gesta a la intervención de «fuerzas celestiales» que actúan de manera insondable. La ironía de su texto dejaba entrever que, en su universo simbólico, la remontada casi milagrosa llevaba el sello de la gestión libertaria.
En la entrevista concedida este miércoles, el Presidente no hizo más que engrosar esta narrativa triunfalista con una propuesta que tiene un alto contenido simbólico. Ante la eventualidad de que el equipo se corone campeón del mundo, Milei manifestó su intención de ceder las instalaciones de la Casa de Gobierno, la histórica sede del poder ejecutivo, para que sea utilizada exclusivamente por los jugadores y el cuerpo técnico. En un gesto calculado para marcar diferencias con el pasado reciente, el mandatario afirmó que emitirá una instrucción expresa para que los funcionarios públicos se abstengan de concurrir a Balcarce 50 en esa jornada, con el propósito de que el festejo sea patrimonio exclusivo de los héroes deportivos.
Esta determinación busca, sin lugar a dudas, establecer un contraste nítido con el precedente del gobierno de Alberto Fernández, cuya invitación a la Selección tras el título obtenido en el Mundial de Qatar 2022 quedó frustrada y generó un clima de tensión que los libertarios recuerdan con inquina. En el entorno del Presidente temen repetir aquella experiencia fallida y, por eso, procuran anticiparse a cualquier gesto que pueda ser interpretado como una apropiación indebida del éxito ajeno. Se trata de una danza delicada entre la adulación y el respeto, donde el jefe de Estado intenta mostrarse como un anfitrión generoso antes que como un político oportunista.
Pero la ofensiva oficial en el universo digital trasciende lo meramente doméstico y adquiere ribetes internacionales, alineándose con las corrientes más conservadoras que emergen en Occidente. La red social X se ha convertido para el núcleo duro del oficialismo en un auténtico ring de batalla cultural, donde se enfrentan los supuestos valores de una civilización occidental y cristiana contra las tradiciones de Oriente. En este marco, las cuentas de trolls afines al gobierno han desplegado una campaña sistemática de mensajes con tintes islamófobos y xenófobos, atacando a las delegaciones de países árabes y musulmanes en cada presentación. Lo que podría parecer un simple exabrupto deportivo forma parte, en realidad, de una estrategia de mayor envergadura que incluye argumentos trumpistas y una visión maniquea del mundo, donde el fútbol se convierte en un mero pretexto para exacerbar las diferencias geopolíticas y consolidar un relato de confrontación global.
