Milei admitió que se equivocó al elegir a Villarruel mientras recrudece la crisis política en la cúpula del Gobierno

Milei admitió que se equivocó al elegir a Villarruel mientras recrudece la crisis política en la cúpula del Gobierno

El Presidente reconoció públicamente que fue un error haber designado a Victoria Villarruel como compañera de fórmula y la confrontación entre ambos alcanzó un nuevo nivel de tensión. En medio de la disputa, la vicepresidenta tomó decisiones que complicaron la estrategia oficial en el Senado y volvió a quedar en el centro de una pulseada que podría definir el futuro de un proyecto considerado clave por la Casa Rosada.

La relación entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel atraviesa su momento más crítico desde el inicio de la gestión. Lo que durante meses se manifestó a través de diferencias políticas, gestos de distanciamiento y cruces indirectos, ahora se transformó en un enfrentamiento abierto que amenaza con profundizar la crisis interna del oficialismo y trasladar sus consecuencias al funcionamiento institucional.

El propio jefe de Estado terminó de confirmar la magnitud de la fractura al reconocer públicamente que considera equivocada la decisión que tomó durante la campaña electoral al elegir a Villarruel como compañera de fórmula. «En el momento que tomé la decisión creí que era la correcta, pero claramente, a la luz de los hechos, elegí mal», afirmó Milei en una entrevista, dejando en evidencia que el vínculo político y personal con la vicepresidenta parece no tener retorno.

Las declaraciones presidenciales se produjeron apenas horas antes de que Villarruel adoptara una medida que alteró los planes del oficialismo en el Senado. La titular de la Cámara alta autorizó a la senadora peronista Anabel Fernández Sagasti a participar de manera virtual en la sesión donde se debatirá la denominada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, una iniciativa considerada estratégica para el Gobierno. Esa decisión todavía deberá ser convalidada por el cuerpo legislativo, aunque desde la Casa Rosada interpretaron el gesto como una nueva muestra de autonomía política y de confrontación directa.

El escenario adquiere mayor relevancia porque la votación promete ser extremadamente ajustada. Ante la posibilidad de un empate, el oficialismo evaluó distintos mecanismos para evitar que Villarruel tuviera la responsabilidad de definir el resultado. Por ese motivo, Milei resolvió adelantar un viaje oficial a Ecuador, una maniobra que permitirá que la vicepresidenta quede temporalmente a cargo del Poder Ejecutivo. En consecuencia, la facultad de desempatar una eventual igualdad recaería sobre el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, evitando que sea Villarruel quien incline la balanza en una discusión que divide aguas dentro del Congreso.

La vicepresidenta nunca ocultó sus cuestionamientos al proyecto impulsado por el Ejecutivo. Incluso llegó a sostener que la eventual aprobación de esa norma equivaldría a «rifar el país», una definición que profundizó las diferencias con el núcleo duro del Gobierno y dejó en claro que su posición está muy lejos de la estrategia oficial.

Las fricciones no se limitaron únicamente al debate parlamentario. Durante la jornada también se produjo otro episodio que fue interpretado como un nuevo gesto de distanciamiento institucional. Mientras la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ofrecía una conferencia de prensa desde el Senado para explicar las modificaciones introducidas al proyecto, la transmisión no fue difundida por los canales oficiales de la Cámara alta. La Presidencia del Senado decidió no habilitar ni la señal institucional ni la plataforma oficial de YouTube para emitir el evento en vivo, un detalle que en el oficialismo leyeron como otra señal de la creciente disputa entre ambos sectores del Gobierno.

La tensión entre Milei y Villarruel ya no encuentra espacios para ser disimulada. Tanto en la Casa Rosada como en el Senado reconocen que la relación está completamente quebrada y que las posibilidades de recomponer el vínculo son prácticamente inexistentes. En los últimos días, el Presidente incluso compartió en sus redes sociales una publicación de la diputada Lilia Lemoine en la que se acusaba a la vicepresidenta de participar en supuestas maniobras desestabilizadoras contra el Gobierno.

Según esa publicación, Villarruel habría coordinado acciones políticas junto a la diputada Marcela Pagano, exintegrante del bloque oficialista, con el objetivo de impulsar un eventual juicio político contra Milei. El hecho de que el mandatario replicara esas acusaciones fue interpretado como un fuerte respaldo a los cuestionamientos lanzados desde el sector más cercano al Presidente.

La respuesta de Villarruel no tardó en llegar y elevó aún más el tono de la confrontación. La vicepresidenta manifestó su preocupación por el estado del mandatario y cuestionó que reprodujera lo que calificó como «insensateces e inventos». Además, sostuvo que le inquietaban las supuestas persecuciones imaginarias que, según afirmó, el Presidente replica tanto dentro como fuera del país, una declaración que fue interpretada como un duro cuestionamiento a la capacidad de conducción política de Milei.

Las diferencias también encontraron eco dentro del gabinete nacional. Luego de las declaraciones de la vicepresidenta, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, consideró que Villarruel debería abandonar el cargo y comenzar un camino político propio. El funcionario sostuvo que, si pretende construir un espacio diferente, corresponde que dé un paso al costado y compita electoralmente desde otro lugar.

Esa postura coincidió con recientes declaraciones del diputado Miguel Ángel Pichetto, quien aseguró que la presidenta del Senado estaría trabajando en un proyecto político independiente con la mira puesta en las elecciones presidenciales de 2027, alejándose definitivamente del oficialismo.

Villarruel volvió a responder con dureza. Acusó a Santilli de representar a la «casta política» que, según sus palabras, fue derrotada por La Libertad Avanza en las elecciones de 2023. Además, sostuvo que sus declaraciones atentaban contra la institucionalidad y el orden republicano, al tiempo que le reclamó respetar la voluntad expresada por la ciudadanía en las urnas.

Consultado sobre el pedido de renuncia formulado por su jefe de Gabinete, Milei intentó minimizar el impacto de la controversia. Calificó la discusión como «irrelevante» y sostuvo que su administración continúa llevando adelante «el mejor gobierno de la historia», pese a la oposición que, según afirmó, ejerce la propia vicepresidenta desde el interior de la gestión.

Sin embargo, puertas adentro del Ejecutivo el panorama es muy distinto. La preocupación gira alrededor de lo que pueda ocurrir durante la sesión prevista en el Senado, donde la definición de la ley dependerá de un delicado equilibrio político. El oficialismo busca impedir que Villarruel tenga margen para influir en el desenlace, consciente de que su postura crítica respecto del proyecto podría convertirse en un serio obstáculo para los intereses del Gobierno.

El antecedente más cercano alimenta esas inquietudes. Durante el anterior intento fallido de aprobar la iniciativa, trascendieron conversaciones privadas de WhatsApp entre Villarruel y Patricia Bullrich. En esos mensajes, la vicepresidenta advertía que la propuesta implicaba «vender» o «rifar» el país y sostenía que el debate no debía avanzar en el Senado. Aquellas filtraciones terminaron de confirmar que las diferencias entre ambas eran profundas y que la vicepresidenta mantenía una posición irreconciliable con la estrategia impulsada por la Casa Rosada.

Con la confrontación política expuesta sin disimulos, acusaciones cruzadas entre las máximas autoridades del país y una votación legislativa de alto impacto en el horizonte, el conflicto entre Javier Milei y Victoria Villarruel dejó de ser una disputa interna para convertirse en uno de los principales focos de incertidumbre de la escena política nacional. La sesión del Senado será ahora el próximo capítulo de una relación rota que amenaza con seguir condicionando el rumbo del Gobierno.

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