El “Coloso” se estrelló contra el gabinete: la grieta interna que encarna la crisis del modelo libertario

El “Coloso” se estrelló contra el gabinete: la grieta interna que encarna la crisis del modelo libertario

La derrota parlamentaria por la Ley de Tierras y el conflicto con los portuarios desataron un terremoto político que, por primera vez, enfrenta de manera frontal al ministro Federico Sturzenegger con el resto del gabinete, incluyendo a la hermana del Presidente, Karina Milei, quien ordenó un congelamiento de todas sus iniciativas en medio de una profunda inquietud económica y social.

En lo que se configura como una de las horas más críticas para la administración de Javier Milei, signada por la asfixia económica y un creciente descontento social, el frágil equilibrio del poder comenzó a resquebrajarse primero en el ámbito externo, con un apoyo al modelo que se diluye entre los sectores productivos. No obstante, es dentro del propio palacio de gobierno donde el fenómeno adquiere su máxima expresión, manifestándose a través de un malestar generalizado e inédito entre los integrantes del gabinete. Dicha irritación tiene un nombre y un rostro: el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, cuyas decisiones unilaterales y desacertadas le propinaron al oficialismo dos derrotas de alto calibre simbólico y político, tanto en el Congreso con la fallida Ley de Tierras como en el conflicto con los trabajadores portuarios, un sector que ni siquiera cuenta con una representación gremial estructurada.

El núcleo del problema radica en la esencia misma de Sturzenegger, a quien se describe como el alter ego del Presidente. Es el funcionario que no solo piensa con la misma sintonía que Milei, sino que también ejecuta las políticas con el mismo ímpetu y comprende a la perfección la visión del mandatario. En esta síntesis, la crisis política que él mismo generó, al cosechar un amplio rechazo tanto en la sociedad como en los pasillos del poder, se erige como el emergente más fidedigno del colapso del corazón económico de la gestión. Es el síntoma palpable del cambio de clima que reflejan las encuestas, el rumor en las calles y la sensación de estancamiento que comienza a invadir al denominado Círculo Rojo, donde la certeza de una reelección en 2027 se ha transformado en una incertidumbre que exige al máximo a un gobierno que, hasta hace poco, parecía marchar sobre rieles hacia la victoria.

Según las confidencias de quienes transitan los corredores de la Casa Rosada y los ministerios de mayor relevancia, el “Coloso” se ha granjeado la enemistad de todos sus pares ministeriales. Incluso Patricia Bullrich, considerada la espada de Milei en el Senado, habría sugerido que la continuidad del funcionario en el cargo se ha vuelto problemática. La ministra, que padeció en carne propia las consecuencias de una legislación abultada, desordenada y carente de la necesaria rosca parlamentaria, fue testigo del retroceso gubernamental para evitar una derrota en la votación. En el Palacio de Hacienda, la aversión es aún más profunda; lo consideran un factor de ruido que exacerba la crisis, y un sector estratégico del gobierno ya le ha retirado su respaldo. Esta situación encontró su punto de quiebre esta semana en un hecho concreto que selló su destino.

La secretaria general de la Presidencia y hermana del Presidente, Karina Milei, protagonizó una cena con los empresarios del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA) en la sede de la entidad, un encuentro que tuvo como trasfondo los desmanes del ministro. Sturzenegger venía impulsando con fuerza que, a partir del 1 de octubre de 2027, los aportes privados al IPCVA fueran voluntarios, una medida que generó un rechazo unánime tanto en el instituto como entre los productores nucleados en la Sociedad Rural. El propio Nicolás Pino, presidente de la SRA, le había solicitado moderación. Ante la insistencia del ministro, Georges Breitschmitt, titular del IPCVA, pidió una audiencia a Karina Milei. Entre los cortes de carne y las ensaladas, la hermana del mandatario les brindó un mensaje de tranquilidad: “Quédense tranquilos que no nos vamos a embanderar con él”. Esta declaración marcó un antes y un después, ya que, si bien hasta ese momento había tolerado la idea de su hermano de sostenerlo, decidió soltarle la mano y ordenó el congelamiento de todas las acciones del ministro. El IPCVA, que promueve uno de los principales negocios de la Argentina con fuerte impacto en las exportaciones, se convirtió así en el campo de batalla donde se libró la primera gran batalla interna.

El malestar con el “Coloso” no se limitó a la esfera del IPCVA. El jefe de Gabinete, Diego Santilli, también se reunió con empresarios y manifestó su descontento. En un encuentro con el Presidente de la Bolsa de Cereales, un alto directivo de la Cámara de Puertos y representantes de la agroindustria, Santilli confirmó que ejecutó la orden de Karina y prometió que todos los proyectos de ley impulsados por Sturzenegger entrarían en una pausa indefinida. La justificación fue contundente: “Ya nadie en el gabinete quiere pagar los platos rotos”. Los dos conflictos parlamentarios de la semana dejaron a Federico en un estado de desesperación. Cuando los 550 prácticos, los encargados de guiar los barcos en el puerto y que carecen de un gremio formal, lo pusieron en jaque con un paro de menos de 48 horas, el ministro intentó presionar a las empresas para que armaran cautelares contra los trabajadores, una maniobra que evidenció su falta de oficio político.

La crisis institucional que desplazó a Adorni ahora se centra en la figura de Sturzenegger

Santilli, en aquella reunión con los CEOs, se mostró particularmente preocupado por el rumbo económico y fue explícito en su diagnóstico: “Tenemos que trabajar para que haya una percepción real de los beneficios en la gente”, confesó, al tiempo que reconocía que, si bien la macroeconomía es importante, aún no hay medidas concretas para comunicar. Este discurso contrasta de manera frontal con la postura del ministro desregulador, quien niega, minimiza o disimula la gravedad de la situación. Por su parte, el ministro de Economía, Luis Caputo, ha recibido innumerables llamados de empresarios en busca de catarsis por las acciones de su colega. Caputo, si bien reconoce la dificultad de remover a Sturzenegger por el respaldo presidencial, no oculta su desazón, y en una de sus conversaciones intentó instalar la idea de que “nos sacamos de encima lo de Adorni y ahora tenemos esto”, sugiriendo que la crisis parece un callejón sin salida, donde la calle es un páramo y los errores políticos del oficialismo siembran dudas entre los grandes capitales acerca de la viabilidad de la reelección de Milei.

Este clima de desconfianza se respiraba en un evento organizado por la embajada de Suiza en el Malba, donde se presentó el Índice de Calidad de las Elites, que ubica a la clase empresaria argentina entre las peores del mundo. Lo que no trascendió fue que, en las reuniones técnicas y los pasillos, los empresarios preguntaban con insistencia por la situación en el Conurbano, un territorio que para ellos parece una expedición al Amazonas a solo 30 kilómetros de la Capital. Esta inquietud refleja la desconfianza lógica que despierta Sturzenegger y los riesgos que su accionar genera para la sostenibilidad del modelo, más allá de las discrepancias con el rumbo económico general.

Mientras tanto, el gobierno se prepara para una semana caliente. El dato de inflación del 2,9% en la Ciudad de Buenos Aires durante julio cayó como una bomba en los despachos oficiales, y se espera que el índice del INDEC, que se publicará el jueves, supere el 2,2%. El riesgo de manipulación de las fórmulas de medición ha llevado a algunos economistas a advertir que un IPC similar al del mes previo sería inconcebible, mostrando dos realidades paralelas: una de inflación real y otra de ficción. El quiebre del modelo económico tiene su eje en la recesión, y los datos de la consultora PXQ son preocupantes. En julio, se observa un predominio de caídas mensuales tanto en la oferta como en la demanda, con una desaceleración en la actividad industrial, la construcción, los despachos de cemento y la producción automotriz, que acumulan dos meses consecutivos de bajas. Las caídas en la liquidación del agro y el consumo de energía industrial completan un panorama que refleja una menor dinámica de la actividad económica en general, profundizando la sensación de que el gobierno de Milei enfrenta su prueba de fuego más exigente desde su llegada al poder.

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