El entramado oculto de la ultraderecha global: el intento de femicidio que destapó la red de poder y crimen en América Latina

El entramado oculto de la ultraderecha global: el intento de femicidio que destapó la red de poder y crimen en América Latina

El ataque contra Fernando Cerimedo en Bolivia expuso las conexiones subterráneas de la internacional conservadora radical, donde asesores electorales, magnates digitales y operadores políticos tejen alianzas que cruzan la legalidad, la violencia y la corrupción, con Brad Parscale como figura central de una maquinaria que busca imponer gobiernos autoritarios en la región.

El intento de asesinato contra Fernando Cerimedo en territorio boliviano no fue un episodio aislado de violencia política, sino la punta del iceberg que dejó al descubierto la sofisticada articulación de la internacional ultraderechista en América Latina. El hecho, que conmocionó a la opinión pública regional, reveló una vez más la estrecha connivencia de este entramado con el poder institucional, la fuerza bruta y la corrupción sistémica, en una peligrosa simbiosis que amenaza la estabilidad democrática de varios países.

Desde Argentina hasta Honduras, pasando por Chile y Brasil, un círculo reducido de activistas dedicados a la consultoría electoral y al asesoramiento político ha tejido redes difusas en las que lo lícito y lo ilícito se confunden sin reparos. En esas tramas, la acumulación de influencia en las sombras no responde a fines legítimos, sino que se orienta predominantemente al desarrollo de actividades criminales y a la consumación de delitos que sus protagonistas prefieren mantener en el más absoluto secreto.

En el epicentro de esta maraña subterránea se encuentra Brad Parscale, a quien sus adherentes veneran como el principal “gurú digital” de la extrema derecha mundial. Nacido en Topeka, Kansas, y graduado en finanzas internacionales por la Trinity University, Parscale era hasta 2012 un operador virtual anónimo. Su salto a la fama se produjo al vincularse a la familia Trump como diseñador de los portales digitales de sus múltiples emprendimientos comerciales. No obstante, su consagración definitiva llegó en 2016, cuando revolucionó la plataforma publicitaria de Facebook mediante una estrategia de microsegmentación de audiencias que resultó determinante para catapultar a Donald Trump a la Casa Blanca.

Para alcanzar ese objetivo, Parscale no titubeó en recurrir a los servicios de Cambridge Analytica, la empresa infame por la filtración masiva de datos de potenciales votantes. Aquel episodio, sumado a una campaña de desinformación basada en rumores, distorsiones, propaganda engañosa y acusaciones falsas, se consolidó como un manual de estilo para las futuras contiendas electorales hipertecnologizadas impulsadas por la derecha radical en todo el planeta.

Tras el triunfo de 2016, Parscale fue designado jefe de campaña para la reelección de Trump en 2020, aunque fue relevado de sus funciones pocos meses después. Sin vínculo directo con el mandatario estadounidense, pero aún cercano a referentes del trumpismo juvenil, el estratega digital se abocó desde entonces a construir un conglomerado tecnológico. Su convicción era clara: la política contemporánea no solo consiste en persuadir electores, sino en dominar los algoritmos que determinan qué información consumen y en qué creen las personas.

En septiembre de 2025, la influencia de Parscale fue revalidada cuando su empresa, Clock Tower X, fue contratada por el gobierno de Israel para una campaña de lavado de imagen, en momentos en que la comunidad internacional cuestionaba severamente su accionar en Gaza tras los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023. Oficialmente, la iniciativa buscaba contrarrestar el antisemitismo en línea, pero su verdadero propósito era impedir que los jóvenes conservadores estadounidenses viraran su postura contra el Estado hebreo, una tendencia que se acentuó con la reciente guerra de Estados Unidos contra Irán.

Según reveló el Wall Street Journal, el contrato, valorado en 45 millones de dólares, contemplaba el envío de millones de mensajes de texto generados por inteligencia artificial a teléfonos móviles en Estados Unidos, bajo el rótulo de un grupo llamado “Amigos por la Paz”. La operación se desplegó mediante un conjunto de empresas de medios y relaciones públicas interconectadas, todas bajo el control de Parscale, y contó con el respaldo de figuras influyentes del ecosistema conservador, quienes en sus redes sociales debían dirigirse a los jóvenes con un lenguaje específico en todo lo relativo a Israel.

La revista Time precisó que la compañía de Parscale produciría un centenar de piezas de contenido original por mes, con al menos el 80% orientadas a la Generación Z en plataformas como TikTok, Instagram, YouTube y pódcasts. El estratega prometió generar 50 millones de impresiones digitales mensuales, además de incidir en la caracterización que herramientas de IA como ChatGPT, Claude y Gemini hacen de Israel y su política en Gaza.

La columna vertebral de esta operación mediática fue Salem Media Network y sus “canales de distribución alineados”, una vasta empresa de radiodifusión y publicaciones de orientación cristiana conservadora, donde Parscale ejerce como director de estrategia. Otras firmas de su propiedad o creación, como Campaign Nucleus e Influenceable, tenían la misión de penetrar en las huestes juveniles ultraderechistas de Trump. Sin embargo, hasta ahora, la misión del gurú digital no parece haber cosechado éxitos.

El Centro de Investigación Pew advierte que la opinión favorable hacia Israel y Netanyahu ha caído en picada desde 2025: apenas el 32% de los estadounidenses mantiene una visión positiva del gobierno israelí, el nivel más bajo en décadas. La tendencia se agudiza entre los republicanos menores de 30 años, quienes exhiben percepciones similares sobre israelíes y palestinos, un giro radical respecto de años anteriores, cuando predominaba el respaldo a los primeros.

En un contexto de ascenso de la judeofobia en Estados Unidos, con cifras crecientes desde 2023, el respaldo de la Casa Blanca a Israel habría sido uno de los detonantes de la crisis que hoy sacude al hasta ahora inexpugnado movimiento MAGA. Esta fractura interna responde a la emergencia de un sector crítico del involucramiento estadounidense en conflictos externos, como la guerra contra Irán, que ya lleva medio año sin visos de solución.

Desde sus bases en Washington y Miami, sin descuidar sus lucrativos negocios con gobiernos como el israelí, Parscale también visualizó la posibilidad de erigir regímenes autoritarios y antipopulares en el escenario latinoamericano. Rodeado de colaboradores de dudosa reputación y vinculado al Departamento de Estado bajo la conducción de Marco Rubio, así como a dirigentes republicanos de Florida, el operador recurrió a sus oscuros conocimientos para contribuir al derrumbe de opciones progresistas y facilitar el ascenso de figuras fabricadas en laboratorios políticos de la ultraderecha.

Casos emblemáticos son los de Jair Bolsonaro, Javier Milei, Nasry Asfura y Rodrigo Paz, el mandatario boliviano que tenía a Cerimedo como su principal asesor. Hoy, Paz comprueba con estupor que aquel a quien otorgó todos los beneficios y privilegios por sus supuestos contactos con Washington es precisamente quien podría precipitar su dramática salida del poder en un plazo no muy lejano.

La reflexión de Tara McGowan, consultora demócrata y asesora de Hillary Clinton, publicada en The New Yorker tras los comicios de 2016, resuena con inquietante actualidad para Parscale, Cerimedo y cualquier otro consultor “estrella” de la ultraderecha: “No hace falta ser un genio para tener un impacto enorme. Ni siquiera es necesario violar las reglas. Una persona común, con suficiente tiempo, dinero y respaldo, puede usar Facebook para ayudar a un demagogo a ganar unas elecciones nacionales”. La frase, más que una advertencia, se ha convertido en una constatación de los nuevos tiempos políticos, donde la tecnología, el dinero y la desinformación se conjugan para reconfigurar el mapa del poder global.

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