Mientras la pobreza y la recesión marcan la agenda, el empresariado y sectores del poder real empiezan a moverse en torno a una alternativa que conserve el modelo sin Milei, con Patricia Bullrich como figura central de una eventual articulación opositora.
El Ejecutivo que conduce Javier Milei atraviesa un momento de extrema vulnerabilidad, atrapado por una combinación de factores que, lejos de disiparse, parecen converger hacia un mismo desenlace. La crisis económica ya no se expresa únicamente en los indicadores macroeconómicos, sino que se ha instalado con crudeza en el tejido social, y en apenas unos días se conocerá el dato oficial de pobreza, que anticipa un cuadro alarmante. Sobre ese fondo material, se superponen señales políticas que, según advierten distintos actores del establishment, preanuncian un escenario de recambio.
El diagnóstico que circula en los ámbitos empresariales es contundente: el plan económico en marcha no admite retorno ni correcciones visibles, y esa certeza, lejos de generar confianza, está disparando movimientos estratégicos. En ese marco, la figura de Patricia Bullrich comenzó a ser percibida como una opción de recambio dentro del propio espacio oficialista, sobre todo después de que la senadora acelerara esta semana una diferenciación explícita con la conducción libertaria. A ese cuadro se suma la percepción de que la pre recesión está generando fisuras internas en el Gabinete, mientras una de las consultoras más leídas en la Casa Rosada advierte a sus clientes que lo que La Libertad Avanza presenta como un proceso exitoso de desinflación y crecimiento podría no alcanzar para garantizar una victoria en 2027.
Ese entramado encuentra una confirmación concreta en el comportamiento de los sectores que suelen detectar con anticipación los cambios de ciclo. El empresariado asegura que el mileísmo sin Milei ya dejó de ser una especulación para convertirse en una urgencia. La síntesis de esa inquietud se habría materializado en una movida de peso: Techint habría puesto en marcha un operativo de reemplazo del candidato, con una lógica similar a la que activó durante el kirchnerismo, cuando Paolo Rocca protagonizó un fuerte enfrentamiento con aquella administración. La referencia alude a la construcción de un candidato de centro derecha con un armado parlamentario que, también en el Congreso, funcione como una alquimia de los caídos dispuestos a preservar el modelo y el poder, evitando un triunfo opositor.
En ese esquema, Techint, como buena parte de quienes manejan poder real, desea una articulación opositora que desgaste al oficialismo y se instale en una hipotética segunda vuelta con un candidato opositor, pero conservando el modelo. La vendetta de quien algunos conocen como «Don Chatarrín» no es verbal, admiten quienes lo tratan desde hace años: es un paso a la acción. Paolo Rocca anhela una movida comparable al Grupo A, aquel agrupamiento conservador y ultra que se conformó en el Parlamento durante los años del kirchnerismo y que, por caprichos de la historia, tuvo a Patricia Bullrich como figura central. Hoy, precisamente Bullrich aparece señalada por los hombres de Rocca en conversaciones que distintas fuentes relataron, y en el entorno de la senadora no desmienten contactos fluidos con el sector privado.
La salida desafiante y hasta burlona que Bullrich exhibió esta semana la muestra animada a jugar y deja entrever que cuenta con padrinos poderosos que la empujan a ser algo en 2027. «Yo no necesito plata, tengo, tengo campos e influencia», se jacta ella, en alusión a su herencia económica y familiar. Quiere jugar, y se lo hizo saber a varios empresarios. Quienes se reunieron con ella aseguran incluso que en privado es más dura con la política del Gobierno que en público. Milei le teme al personaje y está obligado a conservarla sin disputar, pero el asunto se vuelve crítico.
Todo lo ocurrido en las últimas horas en torno a candidatos muletos parece coreografiado. Hasta regresó a la esfera pública el radical Ernesto Sanz, que fue varias veces candidato con apoyo de Techint e integró, no casualmente, aquel Grupo A. Sanz voceó en los medios que quiere una amalgama conservadora antiperonista. Quienes se ven con gente de Techint cuentan que el objetivo del holding es evitar que Axel Kicillof acceda al poder forzándole una segunda vuelta con alguien de derecha no libertario. Estiman que podría ocurrir algo parecido a lo que le pasó a Bullrich en 2023, pero esta vez al revés, es decir, que Milei sea Patricia y no entre al ballotage. Todo es muy prematuro, pero la relación de Bullrich con Rocca viene de larga data y hasta se hicieron ver en público en el evento Pro Pyme de 2025, donde Paolo le agradeció haber impulsado la Reforma Laboral en la que hubo muchas manos empresarias.
¿Y si la desinflación no alcanza como activo electoral?
La firma 1816, la consultora de los ex Banco Mariva que más se mira en el Gobierno, reportó en su último informe a clientes el escenario de una economía con dólares, pero con riesgos sociopolíticos para la administración de Milei. La posición es interesante porque introduce un factor que para los mercados pasa desapercibido: habla de la micro y abre la pregunta de si la desinflación es algo que esté siendo percibido socialmente. Y hasta lo hace en espejo con la comparación histórica que Milei tanto gusta citar, la referencia a la época de Menem.
«Los datos macro y las expectativas del consenso siguen consolidando la idea de que el oficialismo llegará a la elección habiendo bajado mucho la inflación, aunque sin haberla eliminado», arrancan. Y completan aseverando que Menem sí logró en su primer turno eliminar la inflación. Siguen diciendo que a mediados de 1995, momento de su reelección, la inflación ya era un tema del pasado, y con una economía que, si bien es más grande en tamaño, tiene los sectores intensivos en mano de obra claramente rezagados.
Y cierran asegurando que respecto a este último punto, las últimas cifras oficiales, publicadas la semana pasada, mostraron que en junio el empleo asalariado privado registrado cayó por decimotercer mes consecutivo. La consultora 1816 acompaña el análisis Menem-Milei con un gráfico que hace correr la inflación desde el primer día del mandato hasta esta misma instancia de cada uno de los gobiernos. Intentan plasmar herencia y resultados. Se ve allí que catorce meses antes de su reelección Menem, que venía de 180 por ciento de inflación, ya la tenía apenas arriba del 4 por ciento en el año. Milei, en el mismo período que queda hasta las elecciones, la tiene en 33 por ciento y creciendo, viniendo de una herencia parecida. Hay algo que 1816 no señala: para bajar la inflación Milei primero la hizo saltar del 12 por ciento mensual que dejó Sergio Massa, altísimo, a 25 por ciento, con una brutal devaluación.
A renglón siguiente, la consultora estrella de la cita avanza sobre la desinflación y la recesión. Apuntan que sigue siendo notable el contraste entre la evolución del EMAE, que mide el nivel de actividad agregado, y del empleo privado registrado durante la era Milei. ¿Alcanza esta performance económica para reelegir? La respuesta a esta pregunta dista de ser obvia y seguramente dependa en parte de cómo terminen conformándose las ofertas políticas el año que viene. Matiza, entonces, pidiendo paciencia para el período, y admitiendo que todo irá más lento. Explican que, mientras tanto, el Brent sigue arriba de cien dólares el barril, muy por encima del precio implícito en la nafta local, que es de alrededor de ochenta y dos dólares. El precio del crudo es una gran noticia para las cuentas externas del país, pero afianza la idea de que habrá que tener más paciencia con la desinflación.
El desplome del consumo y la destrucción productiva
La recesión es lo que cruza la interna oficial con los datos de la realidad y el trasfondo social. La crisis siempre fue la base de sustentación de la crisis política de los Milei. Hace unos días, entre los grandes supermercados empezaron a circular datos de caídas de ventas que podrían superar el dos por ciento en agosto. El asunto, la novedad, no es esa, dado que Milei lleva casi dos años y medio en rojo allí, y esta semana hasta se desplomó el consumo privado, la jarra loca de gastos que ellos usan para desafiar datos más concretos. Lo flamante es que, además de productos de góndola, se desplomó un veinticinco por ciento la venta de electrodomésticos. Eso es lo que les venía permitiendo, con el beneficio de sectores acomodados habituados al crédito, licuar las caídas de ventas.
El problema es que están jaqueados por la caída de ingresos, los tarifazos, el contrabando de productos de electro y la apertura importadora. Mientras el presidente creaba la ficción de que la gente se endeudó comprando televisores para el Mundial de Fútbol, la producción se destruía en la isla de Tierra del Fuego.
Cifras del sector que manejan en esa provincia grafican la destrucción de la política oficial. En 2022 se produjeron 3.306.381 televisores en la isla y hoy se llevan fabricados, a julio, 1.352.464. En pocas palabras, no sólo se mató la producción, sino que la verdadera mayor venta y producción de aparatos se dio para el Mundial del 2022. En la misma línea, la producción de equipos de aire acondicionado era en 2022 de 1.304.375 unidades y hoy apenas supera los 427 mil. Naturalmente, en esta época previa al calor se incrementará, pero difícilmente suba demasiado.
El escenario más inquietante es el de los celulares, que ya tienen arancel cero para importaciones, además de lo que entra por un contrabando que el gobierno no controla y hasta, de manera indirecta, fomenta. Las cifras impactan: en 2022 se produjeron en las plantas fueguinas 10.261.990 teléfonos móviles. En 2024, cuando empezó la apertura grosera, el número cayó a 5.726.619. Hoy, a julio, la producción está en 1.935.327.
