A pesar de los encuentros sostenidos, las cúpulas de ambos espacios se atribuyen mutuamente la responsabilidad del estancamiento; sin embargo, el temor a un retorno del peronismo mantiene viva la llama de una alianza que no termina de concretarse
Una nueva jornada de negociación concluyó sin resultados concretos entre el PRO y La Libertad Avanza. Se trata del quinto encuentro que ambas fuerzas políticas mantienen con miras a las elecciones de 2027, y nuevamente el cónclave finalizó sin que se vislumbre un avance significativo en la conformación de la coalición electoral que, en teoría, ambos espacios pretenden integrar de cara a los próximos comicios.
Desde cada vereda, los responsables de las tratativas señalan a las disputas internas del adversario como el principal obstáculo que impide cualquier progreso. En el entorno del expresidente Mauricio Macri sostienen que las fracturas dentro del oficialismo libertario dificultan cualquier tipo de entendimiento, mientras que desde las filas de La Libertad Avanza replican con críticas similares hacia el interior del partido amarillo. Este cruce de acusaciones ha generado un clima de desconfianza que, lejos de disiparse, parece consolidarse con el paso de las semanas.
Pese a este panorama adverso, el fundador del PRO no ha tomado la determinación de abandonar las conversaciones. La pregunta que sobrevuela en los pasillos políticos es por qué persiste en sostener un diálogo que, hasta el momento, no ha arrojado frutos concretos. Quienes lo rodean deslizaron que la respuesta se encuentra en un factor que trasciende las afinidades personales: el antiperonismo compartido. En voz baja, admiten que, analizada la situación con detenimiento, el expresidente no cuenta con demasiadas alternativas disponibles en el tablero electoral.
La frase que sintetiza esta postura se instaló con fuerza en los círculos cercanos al exmandatario: «Del otro lado está el tren fantasma». Con esa imagen, sus colaboradores más estrechos grafican la percepción de que, si no es el actual presidente Javier Milei, entonces el escenario queda dominado por figuras que despiertan profunda antipatía en el universo macrista. La referencia apunta directamente a Axel Kicillof, gobernador bonaerense al que Macri detesta abiertamente, y a Sergio Massa, de quien el expresidente se mostró visiblemente decepcionado tras haberlo llevado a Davos en 2016. Ante esa disyuntiva, el líder del PRO concluye que el mandatario libertario representa, a sus ojos, la opción menos indeseable entre las disponibles.
Las fuentes consultadas coinciden en señalar que la relación entre ambos espacios dista de ser armoniosa. Desde el macrismo abundan las quejas respecto al trato que Milei dispensa a los amarillos, lo que añade tensión a una negociación ya de por sí compleja. No obstante, la máxima que alguna vez pronunció Jorge Luis Borges —aunque muchos la atribuyen erróneamente a José— parece aplicarse con precisión quirúrgica a este vínculo: no los une el amor, sino el espanto. Ese espanto compartido hacia el peronismo funciona como el pegamento que mantiene viva una alianza que, por ahora, se resiste a cristalizarse en acuerdos tangibles.
El desafío que enfrentan ambas fuerzas pasa por resolver sus respectivas crisis internas antes de poder sellar una coalición electoral sólida. Mientras tanto, las reuniones continúan sucediéndose sin mayores sobresaltos, pero también sin definiciones que permitan vislumbrar un horizonte de entendimiento. La quinta cita fallida es, en definitiva, un reflejo cabal de la dinámica que atraviesa a este vínculo político: una relación marcada más por la conveniencia y el temor compartido que por cualquier tipo de afinidad genuina.
