En la Fundación Faro, el gobierno se reunió con su núcleo duro del poder económico. Observan un cierre de año convulsionado en los conurbanos y las alimenticias solicitaron una reunión con Seguridad para analizar diciembre.
Resulta difícil de creer frente al nivel de tensión y la crisis imperante, pero el hilo de paciencia en los pasillos del poder económico —ese sector que todavía sostiene con estoicismo a Javier Milei— comienza a deshilacharse por lo menos relevante. Lo gestual. Aun así, tiene su lógica. En las últimas dos semanas, el desborde emocional del presidente, tanto dentro como fuera del país, le dejó en claro al Círculo Rojo que el eje del debate sobre el futuro ya no pasa por el «mileísmo sin Milei» para sostener el plan económico. La certeza que hoy impera es que el clima de inestabilidad general, las agresiones, los insultos y las incongruencias en la lectura social del mandatario son lo que exacerban la tensión en una sociedad ya muy castigada por los efectos de la crisis económica. La imagen actual es la de Milei ajustando, la economía ya sumida en recesión, un sprint final de un año que culminará en crecimiento negativo y un 2027 en riesgo. Sobre ese escenario, el presidente insulta, brama, se sobregira, pronuncia inconveniencias y con ello logra algo hasta ahora no explorado: los empresarios advierten que en la calle empieza a no tolerarse el ambiente de ajuste y que existen dudas sobre la paz social. Eso, entienden, no solo pone límites a la intentona reeleccionaria de Milei y al plan, sino también al armado estructural de un futuro político que consagre el modelo actual, direccionado hacia unos pocos sectores ganadores.
El problema más serio para el oficialismo, alertan los economistas que asesoran a empresarios, parece estar en los «conurbanos», donde Milei presenta una debilidad que Casa Rosada imagina, pero todavía no llega a dimensionar en su totalidad. Sí se vislumbra en las encuestas y en el diagnóstico de varios intendentes, incluso afines al oficialismo, que admitieron ante la consulta de Página/12 que la situación es «muy delicada».
