El sector, considerado la columna vertebral del aparato productivo nacional, registra caídas estructurales y advierte sobre un 2026 aún más crítico. La desaparición de políticas de fomento y el avance de las importaciones agravan el panorama, con un uso de la capacidad instalada en mínimos históricos y un impacto directo en el empleo.
El colapso de la industria madre profundiza la recesión y ensombrece el futuro fabril
El desmantelamiento del entramado industrial nacional, impulsado por las actuales políticas gubernamentales del presidente Javier Milei, ha colocado al borde del abismo a la actividad metalúrgica, tradicionalmente reconocida como la base de todo desarrollo manufacturero. Las últimas estadísticas confirman un deterioro acelerado y generalizado, pintando un horizonte sombrío para el próximo año.
Los números difundidos por la Asociación de Industriales Metalúrgicos (ADIMRA), que agrupa a las pymes del rubro, son contundentes y no dejan lugar a interpretaciones optimistas. La producción total del sector acumuló en 2025 una merma del 0.9% respecto a 2024, año que ya había cerrado con un desplome catastrófico del 12.1%. Esta secuencia negativa evidencia la continuidad de una debacle sin pausa. El último mes del año no hizo más que corroborar la tendencia: diciembre exhibió una brutal contracción interanual del 7.1% y una caída mensual del 1.3%.
Según los especialistas de la entidad, la industria de los metales opera en la actualidad un 20% por debajo de su último nivel máximo de actividad, equiparando su desempeño al momento más crítico de la pandemia en 2020. Un dato estremecedor ilustra la parálisis: la utilización de la capacidad instalada se hundió hasta un 44%, uno de los registros más bajos de la historia. Esto significa que, en la práctica, menos de la mitad de las máquinas están en funcionamiento, mientras el resto permanece inactiva.
«Este nivel refleja un uso muy acotado del aparato productivo y confirma el carácter recesivo del actual escenario industrial», diagnosticó el informe de ADIMRA. La contracción es prácticamente universal. Ramas que habían mostrado alguna recuperación, como Maquinaria Agrícola, volvieron a caer con fuerza (-8.5%), mientras que otras como Fundición se desplomaron casi un 20%. Todos los segmentos, desde Autopartes y Bienes de Capital hasta Equipamiento Médico, presentan variaciones interanuales persistentemente en rojo.
El análisis por cadena de valor completa un cuadro desolador. Las empresas vinculadas a los sectores agropecuario, energético, minero, petrolero y de la construcción, así como aquellas orientadas al consumo final y la industria automotriz, continúan reportando resultados negativos, demostrando que el malestar es transversal y afecta a todo el ecosistema económico.
Ante esta realidad alarmante, la voz de la industria se alzó con un pedido explícito. Elio Del Re, presidente de ADIMRA, subrayó que el retroceso de 2025 frente a un año ya muy adverso como 2024 «pone de manifiesto las dificultades que atraviesa la industria metalúrgica». En declaraciones contundentes, exigió la «implementación de una política industrial integral» como herramienta indispensable para revertir la crisis.
Del Re alertó, además, sobre dos factores que golpean simultáneamente: «El nivel de importaciones crece a un ritmo superior al 70% interanual y golpea de lleno a la producción nacional. A ello se suma un consumo en marcado retroceso, configurando un panorama preocupante para el sector y para el empleo industrial que genera».
Las expectativas a corto plazo no ofrecen alivio. Una abrumadora mayoría de ocho de cada diez empresas no prevé aumentos en su producción para los próximos meses y anticipa que su plantel de personal se mantendrá estable o, directamente, sufrirá recortes. Geográficamente, la contracción es nacional: todas las provincias con actividad metalúrgica registran caídas, siendo Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe las que presentan los descensos más pronunciados.
El correlato laboral de esta debacle productiva ya es tangible: el empleo en el sector registra una caída interanual del 2.5%. Mientras la sangría fabril continúa, las cifras de comercio exterior de noviembre último profundizan la preocupación: las importaciones de productos metalúrgicos crecieron un 18.9%, en tanto que las exportaciones cayeron un 10.4%, consolidando un esquema que ahoga a la producción doméstica.
La madre de las industrias no solo está en terapia intensiva, sino que empeora su pronóstico día a día, arrastrando consigo a toda una red de proveedores, trabajadores y comunidades, en lo que se perfila como una de las crisis sectoriales más profundas de las últimas décadas.
