La periodista protagonizó una impactante protesta en las puertas del Parlamento mientras el Senado define la votación de la controvertida iniciativa oficialista. Su gesto desató un cruce de opiniones entre colegas y puso en foco los alcances de la normativa para los trabajadores de prensa.
En una jornada que se extiende más allá de lo previsto, el Palacio Legislativo se ha convertido en el epicentro de una disputa que trasciende los límites del recinto. Mientras los senadores deliberan en el interior del edificio sobre la iniciativa gubernamental que busca modificar el régimen laboral, las adyacencias del Congreso Nacional se han transformado en un hervidero de reclamos. Entre los manifestantes que aguardan el resultado de la votación —la cual se prevé para después de la medianoche— se destacó la presencia de una figura conocida para la audiencia televisiva.
Nancy Pazos, comunicadora de larga trayectoria y abierta opositora a la gestión libertaria de Javier Milei, acaparó la atención al encadenarse simbólicamente en las escalinatas del edificio legislativo. La imagen de la periodista con ataduras en sus muñecas dio la vuelta a las plataformas digitales en cuestión de minutos, convirtiéndose en tendencia y disparando toda clase de reacciones. En la fotografía que rápidamente se viralizó, aparece junto a Carla Gaudensi, secretaria general de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa, en una postal que remite a los métodos de protesta de otras épocas.
A través de su cuenta en la red social X —antes Twitter—, Pazos justificó su acción al afirmar que “se pretende eliminar el estatuto que protege el ejercicio profesional de las y los periodistas”. La también presidenta de Periodistas Argentinas amplió sus conceptos en declaraciones a los medios presentes: “Lo que está en juego no es un beneficio sectorial, sino el acceso de la ciudadanía a la información veraz. La sociedad no dimensiona cabalmente lo que ocurre dentro de estas paredes. No defendemos un privilegio gremial, estamos protegiendo la democracia misma. El periodismo constituye la iluminación indispensable de cualquier sistema republicano”.
El tono encendido de sus afirmaciones contrastó con la frialdad del asfalto porteño y la espera interminable de una definición parlamentaria que mantiene en vilo a numerosos sectores. La reforma, impulsada por el oficialismo, contempla modificaciones sustanciales en materia de contratación, indemnizaciones y regulaciones específicas para distintas actividades, entre las cuales se encontraría la comunicación social.
Sin embargo, mientras su imagen como activista ganaba protagonismo en el espacio público, en los pasillos de la televisión abierta comenzaban a circular versiones sobre su situación contractual. El destino profesional de la comunicadora dentro del Grupo Telefe es actualmente una incógnita, dado que carece de vínculo laboral formalizado con la empresa. Adrián Pallares, conductor de Intrusos —el clásico ciclo de espectáculos que emite América—, aportó datos sobre el particular durante la emisión del miércoles: “En los próximos días emprenderá viaje a Nueva York acompañada por uno de sus hijos”. El periodista también sugirió un giro en sus prioridades: “Se percibe una faceta de Nancy que está virando decididamente hacia el activismo político”.
La mesa del programa se transformó entonces en un ring de opiniones encontradas. Paula Varela fue particularmente ácida al calificar la performance de Pazos: “Esto resulta una puesta en escena. No resulta necesario someterse a una simulación de amordazamiento. Se trata de una cuestión seria, pero ella elige frivolizarla en busca de exposición mediática”. La panelista insinuó que el gesto respondía más a una necesidad de visibilidad que a una genuina convicción de lucha.
Por su parte, Marcela Tauro sumó un ingrediente adicional al señalar presuntas exigencias económicas: “Me han comentado que sus pretensiones salariales fueron muy elevadas”. Este dato, según la cronista, explicaría la posible salida de la conductora del ciclo matutino conducido por Georgina Barbarossa, programa donde se desempeñaba hasta hace pocas semanas.
La controversia expone las múltiples aristas de un debate que no admite simplificaciones. Mientras para algunos colegas la acción representa un acto de coherencia militante en defensa de derechos conquistados con décadas de lucha gremial, para otros constituye una operación mediática que desdibuja los límites entre la información, el espectáculo y la agenda partidaria.
La madrugada avanza sobre Buenos Aires y el recinto permanece en sesión permanente. Afuera, la temperatura desciende pero la tensión no cede. La imagen de una periodista encadenada a las rejas del Congreso quedará, más allá del resultado de la votación, como uno de los íconos visuales de esta jornada legislativa que enfrenta al gobierno con sectores nucleados en el arco sindical. El país aguarda el desenlace mientras en las redes el gesto desesperado de Pazos continúa multiplicándose, convertido ya en símbolo de una resistencia que, para sus protagonistas, excede largamente la defensa corporativa.
