La Bolsa de Comercio de Rosario presentó su primer relevamiento mensual de la campaña gruesa, advirtiendo sobre un escenario climático dispar que podría definir el rinde final en los próximos 15 días. El maíz, por su parte, se sostiene en 62 millones de toneladas.
En su más reciente informe de estimaciones agrícolas, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) encendió las alarmas del sector al dar a conocer el primer número concreto para la cosecha de soja de la campaña 2025/26: 48 millones de toneladas. Este volumen, de confirmarse, implicaría una merma de 1,5 millones de toneladas en comparación con el ciclo anterior, que finalizó en 49,5 millones. La diferencia porcentual representa una caída superior al 3%, un dato que ya resuena en las mesas técnicas de productores y comercializadores.
El trabajo elaborado por Cristian Russo, titular de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la entidad, expone un panorama complejo donde la variable climática vuelve a ocupar el centro de la escena. “Esta proyección, basada en el estado actual de la oleaginosa, se ubica por debajo de las aspiraciones que el sector manejaba treinta días atrás, aunque supera en un millón de toneladas los cálculos realizados al momento de la siembra”, detalló el especialista.
Russo profundizó en el análisis geográfico de la situación y señaló que el severo deterioro observado en el centro y sur de la zona pampeana encuentra un contrapeso en el desempeño favorable de regiones como el oeste, el centro-norte y el norte del país. Este contraste regional será determinante en la evolución de los rendimientos.
La ventana crítica: quince días que pueden cambiar el rumbo
El informe de la BCR enfatiza que la campaña sojera transita instancias decisivas. El comportamiento de las precipitaciones durante la quincena que recién comienza resultará esencial para establecer un piso productivo y evitar recortes más profundos en las comarcas más castigadas por la escasez hídrica. “Todavía existe un margen para revertir la situación. ¿Qué se necesita? La franja oriental es la más urgida”, remarcaron los especialistas.
Los requerimientos son precisos: el sur de Córdoba, pero con mayor énfasis el sur de Santa Fe y el centro-este bonaerense, deberían recibir al menos 40 milímetros en los próximos siete días, más otra tanda similar en la semana subsiguiente. Simultáneamente, se espera que las tormentas persistan sobre el oeste y centro-norte de Córdoba y Santa Fe, así como en las provincias del norte, consolidando una tendencia de rendimientos superiores a la media histórica.
Esta dualidad climática explica, en parte, la resiliencia de la estimación actual. Las mejores condiciones en amplias zonas productivas están logrando morigerar el impacto negativo en los sectores más afectados. Un elemento adicional que refuerza este panorama es el desplazamiento del centro de alta presión que venía afectando a la región núcleo, lo que ha permitido el retorno de las lluvias.
Si bien los eventos han sido irregulares y con carácter intermitente, los acumulados de febrero —especialmente en los últimos siete días— han ganado en frecuencia y comienzan a sumar volúmenes significativos. Los pronósticos extienden esta dinámica para el corto plazo, con sistemas que seguirán generando precipitaciones aisladas pero frecuentes, aportando milímetros que, de a poco, podrían cubrir los requerimientos de los cultivos. En Entre Ríos, por caso, la urgencia es máxima y las tormentas anunciadas para los próximos días aparecen como una esperanza para frenar el deterioro.
Alfredo Elorriaga, asesor de la BCR, aportó su mirada sobre la volatilidad del momento: “El agua está circulando, pero la incertidumbre es alta. Resulta complejo anticipar qué zonas serán finalmente favorecidas y cuáles quedarán al margen de estos sistemas. Será crucial monitorear el comportamiento de las lluvias a partir de mañana”.
La soja de segunda, en terapia intensiva
El panorama para la soja de segunda reviste una gravedad particular. Esta campaña tiene como antecedente un “supertrigo” que, con sus rendimientos excepcionales, demandó un consumo intensivo de agua en los perfiles. La consecuencia visible, según relatan los técnicos de la región central, es que “no pasa la altura del rastrojo”, una frase que grafica el impacto de la falta de humedad en el desarrollo del cultivo.
Las mermas en los rendimientos potenciales oscilan entre un 20 y un 60 por ciento, y existen numerosas superficies donde directamente no se realizará la cosecha. El informe estima un área no cosechable de 310.000 hectáreas, una cifra que refleja la gravedad de la situación en los lotes más comprometidos.
Para el total nacional, la BCR proyecta un rinde promedio de 30,8 quintales por hectárea, consistente con los 48 millones de toneladas anunciados. Este número, vale la pena reiterarlo, supera en un millón la proyección inicial de siembra basada en rindes medios para todo el territorio.
Comparación interanual: dos campañas, distintos desafíos
Un ejercicio interesante que propone el informe es contrastar el ciclo actual con el anterior en términos de estrés hídrico. Una diferencia sustancial radica en las temperaturas: mientras que el año pasado se atravesaba la tercera ola de calor consecutiva, en lo que va de 2026 solo se ha registrado un evento de estas características. Las marcas térmicas han sido, en líneas generales, más moderadas.
Además, la campaña 2025/26 arrancó con perfiles cargados y numerosas áreas que, después de varios años, lograron recargar sus napas freáticas. Este dato es relevante, ya que la ausencia de agua en estratos profundos constituyó una limitante mayúscula para la campaña previa.
En el ciclo 2024/25, la sequía abarcó la totalidad de la región pampeana y castigó con particular crudeza al norte argentino. La falta de precipitaciones se extendió durante dos meses sin registros significativos. Sin embargo, se produjo una recuperación hídrica notable a partir del 14 de febrero en la zona central y hacia fines de ese mes en el resto de la región. “El retorno del agua dejó acumulados impresionantes y permitió una recomposición histórica del cultivo. En febrero de 2025 proyectábamos 46 millones de toneladas, y el giro climático terminó entregando 49,5 millones”, recordó Russo.
Esta lección reciente alimenta la esperanza: aunque se trató de un fenómeno extraordinario, lo ocurrido doce meses atrás demuestra que todavía existe margen para una recuperación.
Radiografía provincial: Santa Fe lidera, Entre Ríos en alerta
El análisis jurisdiccional muestra realidades contrastantes. Santa Fe, a pesar del sector sudeste gravemente afectado —con caídas del 20% en el área de influencia del Gran Rosario y Casilda—, sostiene un rinde estimado de 35,2 quintales por hectárea gracias a las generosas lluvias recibidas en el centro y norte provincial. Este valor se mantiene en línea con los 35,54 quintales del año pasado.
Córdoba le sigue con una proyección de 31,5 quintales, aunque con perspectivas de mejora asociadas al buen estado de los cultivos en el centro y norte de su territorio. Buenos Aires, por su parte, presenta una estimación de 31,2 quintales, supeditada a la evolución de las precipitaciones en su centro-este y sudeste.
El caso más delicado es el de Entre Ríos, con un rinde previsto de apenas 19 quintales por hectárea. No obstante, la provincia tiene la posibilidad de mejorar este magro número si se concretan las lluvias anunciadas para los próximos días.
Maíz: 62 millones de toneladas, a la espera de las tormentas
En cuanto al maíz, la BCR mantiene sin cambios su proyección de 62 millones de toneladas, una cifra que representa un incremento del 24% respecto del ciclo pasado. La superficie total asciende a 9,75 millones de hectáreas, de las cuales 8,05 millones corresponden al área destinada a cosecha con fines comerciales.
La floración de los maíces tardíos genera grandes expectativas. Las lluvias de los próximos diez días serán determinantes para sostener la estimación en Córdoba y para contener el deterioro que se observa en los lotes bonaerenses. En el norte argentino, si bien se mantiene la vigilancia por la presencia de chicharrita, los niveles del vector transmisor del Spiroplasma no superan los registros históricos.
El informe destaca que, aunque persiste el estado de alerta y se recomienda mantener los monitoreos y controles, confluyen factores que anticipan una campaña tranquila en relación con esta plaga: menor superficie sembrada con maíz en Chaco y Santiago del Estero respecto de lo habitual, buen estado general del cultivo —a diferencia de lo ocurrido dos años atrás— y la utilización generalizada de materiales tolerantes.
