Un informe del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires revela una preocupante caída en la inmunización de niños y niñas de 11 años contra el Virus del Papiloma Humano durante la última década. Los expertos advierten que el descenso de la cobertura, que ronda apenas el 50%, pone en riesgo décadas de avances en la prevención del cáncer y otras patologías graves.
La comunidad médica argentina ha encendido todas las alarmas. Un reciente análisis elaborado por especialistas del Hospital de Clínicas «José de San Martín», dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ha puesto de manifiesto una realidad sanitaria que exige atención inmediata: la cobertura de vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) en la población preadolescente ha sufrido un derrumbe sostenido en los últimos diez años. Según los registros oficiales analizados por la casa de altos estudios, las cifras de inmunización en el grupo etario de 11 años se han estancado en niveles críticos, alcanzando apenas un 55% en mujeres y un 51% en varones, un porcentaje que se sitúa muy por debajo de los parámetros ideales establecidos por las autoridades sanitarias para garantizar la protección colectiva.
Para comprender la magnitud de esta amenaza, es fundamental dimensionar el enemigo silencioso contra el cual se lucha. Laura Fleider, jefa de la sección Patología Cervical dependiente de la división Ginecología del mencionado centro de salud, explicó con crudeza la naturaleza de este agente. El VPH, detalló la profesional, constituye «una enfermedad de transmisión sexual que se puede contraer a partir de relaciones sexuales vaginales, anales u orales y otras vías de contagio como juguetes sexuales». Si bien se han identificado cerca de 200 variantes de este virus, muchas de ellas suelen ser eliminadas por el organismo sin causar mayores contratiempos. Sin embargo, la doctora Fleider realizó una distinción crucial que explica la gravedad de la situación: los tipos virales se dividen en dos grandes categorías. Por un lado, están los denominados ‘tipos de alto riesgo’, directamente asociados con el desarrollo de diversos cánceres, tales como los de cuello uterino, vagina, vulva, ano, pene y orofaringe. Por el otro, coexisten los ‘tipos de bajo riesgo’, principales responsables de la aparición de verrugas genitales.
El impacto en la salud femenina es particularmente devastador. Los estudios epidemiológicos estiman que más del 90% de los cánceres de cuello uterino tienen su origen en infecciones previas por VPH. El proceso, no obstante, suele ser lento pero implacable: desde que se produce una lesión precursora hasta que se manifiesta un tumor maligno pueden transcurrir entre una y dos décadas. Paradójicamente, este largo período de latencia convierte a esta patología en una de las más prevenibles si se actúa a tiempo. En la población masculina, en cambio, la manifestación oncológica más frecuente asociada al virus es el cáncer orofaríngeo, que afecta la zona posterior de la boca y la garganta, una tendencia que va en aumento a nivel global.
Pero las consecuencias de la infección no se limitan al terreno oncológico. En este contexto de alerta, la Facultad de Medicina de la UBA puso especial énfasis en los hallazgos de una investigación reciente liderada por científicos del CONICET, la cual revela un vínculo directo entre el VPH y problemas de fertilidad. El estudio, que analizó a más de 200 pacientes, arrojó un dato contundente: aproximadamente el 70% de los participantes era portador de alguna infección de transmisión sexual (ITS). Lo más revelador, sin embargo, fue la alta incidencia de co-infecciones, destacándose particularmente la combinación del VPH con la bacteria Chlamydia trachomatis (CT). «Sobre esta co-infección en particular, se observó una reducción significativa de la movilidad, concentración y viabilidad de los espermatozoides», alertaron desde la institución, abriendo un nuevo frente de preocupación en torno a la salud reproductiva de las futuras generaciones.
Ante el alarmante descenso de las coberturas, los especialistas no dudan en calificar la situación como un retroceso mayúsculo. «Este descenso en las tasas de inmunización representa un riesgo para la prevención del cáncer cervicouterino y otras enfermedades asociadas al VPH, en un contexto en que la vacunación es una de las principales herramientas de control», sentenció la ginecóloga Laura Fleider. La profesional recordó que la evidencia científica acumulada durante años demuestra de manera fehaciente que la vacuna reduce de forma significativa la prevalencia de los genotipos virales de alto riesgo, actuando como un escudo protector fundamental.
Estrategias de prevención: más allá de la vacuna
Frente a este panorama, las autoridades sanitarias recuerdan las vías existentes para combatir la propagación del virus. La principal y más efectiva sigue siendo la vacunación. Según detalla la cartera sanitaria nacional, cuando se administra en las edades sugeridas, la dosis genera una protección robusta contra la infección, previniendo tanto el desarrollo de verrugas genitales como de tumores. El esquema actual contempla una aplicación única a los 11 años. No obstante, para quienes no fueron inoculados en ese momento, existe una ventana de oportunidad: la vacuna está disponible de forma gratuita para todas las mujeres nacidas a partir del año 2000 y para los varones nacidos desde 2006, siempre que tengan menos de 26 años al momento de solicitarla.
Adicionalmente, el ministerio recomienda la inmunización para personas de entre 11 y 26 años que se encuentren en condiciones de especial vulnerabilidad, como quienes viven con VIH, padecen enfermedades autoinmunes (Lupus Eritematoso Sistémico, Artritis Idiopática Juvenil, Enfermedad Inflamatoria Intestinal, Dermatomiositis) o han sido trasplantadas y están bajo tratamientos inmunosupresores. En estos casos, la aplicación también es gratuita, aunque el esquema se completa con tres dosis.
Otra barrera fundamental, aunque no infranqueable, es el empleo correcto del preservativo en la totalidad de las relaciones sexuales. Si bien su uso continuo reduce el riesgo de contagio en aproximadamente un 60%, no ofrece una garantía total. Esto se debe a que el virus puede alojarse en toda la mucosa del tracto genital, incluyendo zonas como la vulva o el escroto que no quedan cubiertas por el látex, permitiendo el contacto con el área genital durante el acto sexual.
Por último, los especialistas insisten en que la vacuna no debe ser vista como un reemplazo de los controles médicos periódicos. Por el contrario, ambos pilares se complementan. «La vacuna contra el VPH no exime de los chequeos. El diagnóstico temprano del virus mejora el pronóstico de la infección, permite darle un tratamiento oportuno y reduce la transmisión a otras personas», concluyó Fleider, en un llamado a no bajar la guardia y retomar el camino de la prevención integral.
