El indicador de precios internos al por mayor (IPIM) trepó un 3,4% durante el tercer mes del año, el registro más elevado desde abril del ejercicio previo, impulsado casi exclusivamente por la volatilidad de los combustibles y la extracción de crudo. Mientras los productos importados mostraron una variación moderada, la escalada de los insumos domésticos vuelve a presionar sobre la inflación minorista, que en marzo había alcanzado el mismo porcentaje, según los datos oficiales difundidos por el organismo estadístico.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) confirmó en las últimas horas una nueva aceleración en la cadena de formación de costos domésticos. El índice de precios internos al por mayor (IPIM) exhibió durante marzo de 2026 un avance del 3,4% en comparación con el mes precedente, consolidándose así como la variación más pronunciada desde abril del año pasado. Este comportamiento estuvo signado por un marcado dinamismo de los sectores vinculados a la energía, un hecho que opacó la menor incidencia de los bienes traídos desde el exterior y que reinstaló las alarmas entre los analistas económicos.
Detrás de esa suba generalizada se perfila un protagonista excluyente: los productos de origen nacional, cuyo incremento promedio alcanzó el 3,5%, mientras que los artículos importados apenas treparon un 1,1%, en un contexto cambiario relativamente estabilizado que funcionó como un ancla parcial pero insuficiente para contener el empuje interno. Al desglosar la composición de los bienes locales, dos rubros concentraron la mayor parte de la presión. Por un lado, el segmento de “Petróleo crudo y gas” aportó en soledad 2,02 puntos porcentuales sobre el total del indicador. Por el otro, los “Productos refinados del petróleo” sumaron otros 0,77 puntos. A estos se agregaron alzas más moderadas pero significativas en “Alimentos y bebidas” (0,31%) y en “Sustancias y productos químicos” (0,13%). El único alivio parcial provino del retroceso de los productos agropecuarios, que cedieron un 0,4%, aunque sin lograr equilibrar la balanza.
Un análisis más minucioso de las categorías desagregadas revela saltos explosivos en ciertos eslabones productivos. Los productos primarios experimentaron una variación mensual del 7,8%, mientras que el rubro específico de petróleo y gas se disparó un 27,3% en apenas treinta días. En las antípodas de esa dinámica, los bienes agropecuarios sufrieron una merma del 3,2%, evidenciando una heterogeneidad que, sin embargo, resulta inocua para compensar el vendaval energético que recorre toda la estructura de costos.
En el terreno fabril, los productos manufacturados crecieron un 2,3% de manera agregada, con repuntes dispersos en múltiples sectores: los alimentos subieron 2,5%; el tabaco, 2,7%; el papel, 1,8%; y los químicos, 1,4%. No obstante, la atención vuelve a centrarse en los derivados del petróleo refinado, cuya escalada del 6,6% refuerza la tesis de un traslado sistemático desde los insumos energéticos hacia el resto de la economía real. Cada aumento en la fuente primaria de energía reverbera luego en el transporte, la producción fabril y la logística de distribución de mercaderías.
A pesar de la moderación observada en los productos importados —apenas un 1,1%—, el cuadro general sigue dominado por el peso abrumador de los factores internos. La evolución del IPIM no constituye una mera curiosidad estadística, sino que se erige como un indicador adelantado de lo que puede suceder semanas más tarde en las góndolas de los comercios minoristas. Si bien el traslado no es automático ni lineal, cuando se trata de insumos tan difundidos como la electricidad, los combustibles, el gas o los alimentos procesados, el impacto termina por filtrarse inevitablemente hacia el bolsillo de los consumidores.
Precisamente, el índice de precios al consumidor (IPC) correspondiente a marzo ya había mostrado una variación del 3,4%, idéntica a la del mayorista, con una medición interanual que se ubicó en el 32,6%, según los relevamientos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en base a los datos oficiales. Ese mismo informe advierte que, de haberse aplicado ponderadores actualizados que reflejen mejor la estructura real del consumo, el índice habría sido del 3,5%, lo que revela un sesgo a la baja en la metodología vigente. Los especialistas del centro explicaron que esa diferencia obedece al fuerte incremento de los servicios, consecuencia directa de la quita de subsidios estatales. Y añadieron que, de haberse implementado esa nueva metodología desde 2023, el diferencial acumulado habría sumado un 11,5% adicional de aumento de precios.
Entre los rubros que más incidieron en la inflación minorista de marzo se destacaron tres grandes capítulos. Educación lideró las subas con un 12,1%, un comportamiento típicamente estacional por el inicio del ciclo lectivo y las cuotas de colegios privados. Transporte le siguió con un 4,1%, empujado sobre todo por el encarecimiento de los combustibles. Y Vivienda y servicios básicos trepó un 3,7%, en un clima de creciente desregulación tarifaria. El propio organismo estadístico señaló que la estacionalidad educativa, el impacto del incremento del precio del combustible y el alza de la carne vacuna constituyeron las causas principales de las variaciones observadas en marzo.
En el capítulo de Alimentos y bebidas, cuyo aumento fue del 3,4% en línea con el promedio general, se verificaron subas muy significativas en productos de consumo masivo. Las carnes rojas fueron las grandes protagonistas: la carne picada se encareció un 8,4%; la paleta, un 8%; y la nalga, un 7,7%. A ellas se sumaron incrementos en frutas, verduras y artículos básicos como el azúcar (5,7%) y el aceite de girasol (5,2%). Un dato revelador es que, incluso en aquellos productos donde los precios mayoristas mostraron algunas bajas —como ciertas frutas y verduras de estación—, el traslado a la góndola minorista continuó mostrando aumentos. Los técnicos de CEPA sintetizaron la paradoja con una frase contundente: aunque el tipo de cambio se retrajo un 1% en el canal mayorista respecto del promedio del mes anterior, los precios finales se movieron sensiblemente al alza.
Hacia adelante, la combinación de una inflación mayorista en plena ebullición y la persistente presión sobre los costos energéticos configura un escenario de alta complejidad para abril. Algunos factores podrían eventualmente moderar el ritmo, como una eventual desaceleración del tipo de cambio o la baja en los precios de los alimentos en origen. Pero el arrastre estadístico de marzo sigue latente y amenaza con trasladarse a la medición del cuarto mes del año. Desde CEPA reconocen que la inflación debería moderarse en abril, aunque al mismo tiempo advierten que persistirán tensiones notorias en los servicios regulados y en las tarifas públicas. Los ajustes pendientes o ya ejecutados en electricidad, gas natural, agua corriente, transporte metropolitano y medicina prepaga seguirán golpeando el índice general, en un círculo vicioso donde los costos mayoristas de ayer se convierten en los precios minoristas de mañana.
