El presidente permanece enclaustrado en la residencia de Olivos mientras su hermana consuma una avanzada sin precedentes sobre el aparato gubernamental. A diez días de su último acto público, el mandatario emergerá brevemente para honrar al Libertador, pero el tablero político ya muestra un nuevo orden: la «hermanísima» negocia, destituye y proyecta poder en solitario, mientras las facciones internas se desgarran en una lucha sorda por la herencia del espacio libertario.
En la penumbra matinal de la Quinta de Olivos, la única luz que parpadea con insistencia proviene de la pantalla de un teléfono celular. Desde esa trinchera digital, el primer mandatario argentino, Javier Milei, se mantiene como un espectador privilegiado pero pasivo del torrente informativo, limitándose a propagar con un gesto mecánico –el famoso «retuit»— las publicaciones que otros generan en el vertiginoso ecosistema de las redes sociales. Este aislamiento voluntario, que ya supera la barrera de los nueve días sin agenda pública, ha tejido un manto de especulación en los corrillos políticos, donde la ausencia del líder se interpreta no como reposo, sino como una estratégica retirada que ha dejado un vacío de poder inmediatamente ocupado por su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
El lunes venidero, sin embargo, marcará un quiebre en este silencio oficial. El jefe de Estado abandonará su refugio para participar en la conmemoración del aniversario del fallecimiento del general José de San Martín, en la plaza homónima del barrio porteño de Retiro. La ceremonia, que contaría con un discurso presidencial y la prometida transmisión en cadena nacional, sufrió una modificación de último momento: la cobertura federal fue cancelada sin explicaciones oficiales, un gesto que los analistas interpretan como un síntoma más de la improvisación que caracteriza a la gestión. Mientras tanto, en las oficinas de Balcarce 50, la hermana del mandatario ha asumido las riendas del gobierno con una naturalidad que descoloca a propios y extraños, encabezando durante la semana pasada todas las reuniones de alto calibre y las negociaciones cruciales que definen el rumbo de la administración.
La secretaria general, actuando con la autoridad de quien se siente investida de un mandato cuasi electoral, ha desplegado un abanico de acciones que trascienden lo protocolar. En los últimos días, convocó a diputados y senadores de la provincia de Buenos Aires a la sede gubernamental, lideró con puño de hierro la reunión de la mesa política nacional, sostuvo conversaciones telefónicas con el exmandatario Mauricio Macri y, en un movimiento de audacia táctica, convocó a dos figuras del PRO para sentarse a negociar con los primos Menem y el jefe de Gabinete, Diego Santilli. El jueves, como broche de esta ofensiva, inauguró un local partidario en el bohemio barrio de San Telmo, un acto que muchos interpretaron como el bautismo de fuego de su liderazgo territorial, consolidando su imagen como la verdadera conductora del proyecto libertario.
Ante la creciente inquietud periodística por la desaparición escénica del presidente y su deliberado alejamiento de las conversaciones con Macri –un socio político clave para la gobernabilidad–, el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, optó por una respuesta evasiva que no hizo sino alimentar las dudas. «Esa cuestión no incumbe a mi esfera de responsabilidad. El primer ciudadano de la nación posee su propia hoja de ruta, y nosotros avanzamos en la consolidación partidaria», declaró, sin aportar dato alguno sobre el contenido de esa «agenda personal» que mantiene al presidente recluido, ni sobre las actividades que ocuparon sus jornadas en la residencia oficial. Desde el círculo íntimo del mandatario, voceros oficiosos intentaron restar dramatismo al asunto, asegurando que «el presidente labora sin pausa y se mantiene al corriente de cada detalle gubernamental», aunque sus palabras sonaron a un intento desesperado por llenar un silencio que ya se ha vuelto ensordecedor.
Pero es en el seno del propio oficialismo donde las críticas hacia la «hermanísima» adquieren un tono más afilado y despiadado. «Karina aceleró el motor de la maquinaria política y durante la semana pasada ni siquiera le permitió traspasar las puertas de Olivos», ironizan los detractores internos, quienes vislumbran en esta reclusión una oportunidad dorada para que la secretaria general consolide su avance sobre áreas de gestión que hasta ahora estaban en disputa, y para continuar con la purga silenciosa de sus adversarios en los escalones del poder. El principal blanco de esta ofensiva es el controvertido asesor Santiago Caputo, cuya influencia parece desvanecerse a la misma velocidad que crece el poder de los Menem y el de la propia Karina.
La semana pasada, Caputo intentó recuperar terreno en el escenario mediático al participar en un evento de la Fundación Faro, donde se presentaría el flamante «equipo de estudios de Geopolítica y Seguridad Nacional». Sin embargo, en un acto de sincronía que muchos calificaron de calculado, la hermana del presidente inauguró simultáneamente un local partidario en San Telmo, desviando no solo la atención de los medios, sino también la concurrencia de los invitados, que optaron por la convocatoria de la secretaria general. «Santiago está quedando relegado, su estrella se apaga», sentencian en los pasillos oficialistas, donde el aislamiento de Milei ha dejado sin defensores a las denominadas «Fuerzas del Cielo», el grupo de influencia digital que Caputo lidera y que incluye a figuras como Daniel Parisini, alias «El Gordo Dan». Este colectivo, que alguna vez fue el brazo propagandístico más temido del espacio libertario, hoy parece ceder terreno ante el avance imparable de Karina y los primos Menem, a quienes algunos ya denominan, con sorna, como «las fuerzas territoriales que han derrotado a las fuerzas celestiales».
En esta puja por el dominio del relato y la organización, el veterano operador digital Iñáki Gutiérrez ha resurgido como un fantasma del pasado electoral. Según fuentes cercanas al presidente, Milei habría encomendado a este viejo lugarteniente la misión de recorrer las provincias para articular «eventos juveniles», pensando ya en los comicios del año venidero. Este sector resultó fundamental para la victoria de 2023, aunque hoy muchos de aquellos votantes libertarios transitan el amargo camino del arrepentimiento. Durante el fin de semana, Gutiérrez se fotografió en Jujuy encabezando un congreso de la juventud, acompañado por su pareja, Eugenia Rolón, y por un enviado directo de Karina: Sharif Menem, sobrino de los influyentes Lule y Martín. «Iñaki se está realineando con los Menem porque es el único activo digital que les queda en pie», analizan observadores internos, dibujando un mapa de alianzas que redefine la geometría del poder en la fuerza oficialista.
Contrastando con la opacidad de estos días, la agenda oficial que se ha filtrado para la semana entrante promete devolver al presidente a un primer plano, aunque sea de manera intermitente. Tras el acto del lunes, se espera su participación el jueves en la vigésimo tercera edición del Council of the Americas, un foro internacional de alto prestigio que se celebrará en el lujoso hotel Alvear Palace. Allí, Milei disertará sobre «Perspectivas Económicas y Políticas» en un panel que también contará con las intervenciones del ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo; del canciller Pablo Quirno; y del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. El viernes, el jefe de Estado pondrá rumbo a la ciudad de Rosario para participar en la ceremonia por el aniversario de la Bolsa de Comercio local, donde se espera que brinde un mensaje a los actores del mercado financiero.
Mientras tanto, en el universo paralelo de las redes, el presidente no ha cesado su actividad como influencer. Este domingo, compartió análisis económicos de terceros a los que etiquetó como «MASTERCLASS», pero su publicación más resonante fue un posteo en Instagram dirigido contra los Moyano, padre e hijo. Por primera vez tras el escándalo que involucró al exdiputado Facundo Moyano, el mandatario reposteó una imagen que ironizaba sobre su intento de reanimar a su pareja tras un paro cardíaco, afirmando que «al final, Moyanito terminó siendo un experto en paros como el padre». Esta incursión en el conflicto familiar sindical revela que, aunque físicamente ausente, el presidente sigue conectado a su estilo más beligerante.
En medio de esta nebulosa, la única certeza que se filtra es la visita que el economista Sebastián Galiani confesó haber realizado al presidente en Olivos. El viernes, Galiani escribió en la plataforma X que había cenado con Milei, elogiando sus famosas milanesas y describiéndolo como «compenetrado con la gestión» y proyectando ya «las reformas pendientes para un segundo mandato». El posteo, sin embargo, fue eliminado rápidamente, añadiendo un nuevo enigma a la ya extensa lista de misterios que envuelven al mandatario. Antes de su viaje a Colombia, también se supo que Milei recibió al empresario Daniel Hadad, quien coquetea con una posible candidatura presidencial y lo invitó al acto de Infobae, una reunión que congregó a gran parte del arco político y que el presidente declinó asistir, prefiriendo la reclusión y el control remoto de un poder que, por ahora, ejerce su hermana con mano firme y sin contemplaciones. La pregunta que sobrevuela todos los ámbitos es si esta reclusión es un refugio táctico o el preludio de una entrega definitiva del mando operativo a la dinastía que se teje en las sombras del poder.
