En una amena y profunda conversación con Infobae, el célebre científico argentino, mundialmente reconocido por su revolucionaria conjetura sobre la gravedad cuántica, desgranó los misterios de los agujeros negros, el origen del cosmos y el papel crucial de la investigación en la vida cotidiana, al tiempo que lanzó un vibrante llamado a la defensa de la educación como pilar del progreso nacional.
En el marco de una entrevista exclusiva mantenida con el equipo periodístico de Infobae a las Nueve, integrado por Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet, el eminente físico teórico argentino Juan Martín Maldacena desplegó un fascinante abanico de reflexiones que vincularon las leyes más abstractas de la naturaleza con el devenir diario de las personas, la tecnología que las rodea y los desafíos estructurales de la ciencia en su país natal. Considerado una auténtica eminencia planetaria por sus trascendentales aportes a la física teórica, en especial por su célebre conjetura que conecta la gravedad con la mecánica cuántica, Maldacena no solo explicó con claridad pasmosa los fenómenos más enigmáticos del cosmos, sino que también compartió su visión sobre el estado de la investigación argentina y el ineludible valor de la instrucción pública.
El diálogo, que transcurrió con la calidez de quien se siente en casa y la precisión de un maestro, permitió al público asomarse a la mente de uno de los pensadores más lúcidos de nuestra era. Ante la pregunta sobre el creciente interés social por la ciencia, Maldacena no ocultó su satisfacción y manifestó con genuina emoción que observa con enorme alegría cómo un número cada vez mayor de ciudadanos siente curiosidad por desentrañar los secretos de las leyes naturales y por mantenerse al tanto de las fronteras actuales de la indagación científica. Esa fascinación colectiva, según el experto, es un síntoma saludable de una sociedad que anhela comprender su lugar en el entramado universal.
Abordando el núcleo duro de su disciplina, el científico delineó con didáctica maestría el mapa de las fuerzas que gobiernan la realidad. Explicó que la física se ocupa de escudriñar los principios elementales que determinan el comportamiento de las partículas subatómicas, así como la estructura misma del espacio y el tiempo. Enumeró, a modo de ilustración, que el electromagnetismo constituye una de esas interacciones primordiales, pero no la única, ya que la gravedad, descrita modernamente a través de la curvatura del tejido espacio-temporal según la teoría de Einstein, juega un papel igualmente fundamental en la arquitectura del universo. Este andamiaje conceptual, lejos de permanecer encerrado en los laboratorios, permea cada aspecto de nuestra existencia tecnológica.
Maldacena rastreó los orígenes de su propia vocación hasta su niñez, cuando la curiosidad por el funcionamiento de los artefactos cotidianos despertó su espíritu indagador. Recordó con nitidez cómo, acompañando a su padre en las tareas de reparación de electrodomésticos y automóviles, fue forjando una pasión por la tecnología que, con el tiempo, se transformó en un anhelo más profundo: conocer las leyes físicas subyacentes que hacen posible el funcionamiento de todo dispositivo, desde el más sencillo lavarropas hasta el más complejo motor. Esa transición, de la técnica a la ciencia pura, marcó el sendero de su extraordinaria carrera.
En cuanto a la dinámica cotidiana de su trabajo, el físico describió un proceso que combina la soledad del pensamiento con la fertilidad del intercambio colegiado. Relató que su labor consiste en sumergirse en la literatura científica, estudiar los artículos publicados por otros investigadores, mantener fluidas conversaciones con pares y revisar sus propias contribuciones anteriores. Este continuum de exposición y reflexión, afirmó, va modelando una familiaridad con los temas que, en el mejor de los casos, puede desembocar en una idea novedosa. Y aunque el camino está plagado de incertidumbre, mencionó con modestia que algunas de sus propuestas resultaron ser conceptos nuevos y de relevancia mayúscula para la comunidad académica.
Uno de los momentos más cautivantes de la charla llegó cuando Maldacena se adentró en la naturaleza de los agujeros negros, esos monstruos cósmicos que tanto fascinan como atemorizan al imaginario popular. Los definió como regiones del espacio-tiempo donde la deformación alcanza niveles extremos, un punto en el que el espacio colapsa sobre sí mismo, generando un fenómeno que es, en esencia, el reverso exacto del Big Bang. En esas regiones, explicó, la curvatura se vuelve infinita y el tiempo, tal como lo conocemos, parece llegar a su fin. Sin embargo, el físico fue cauto al señalar que, aunque la relatividad general predice esa singularidad terminal, la comunidad científica aún carece de una descripción confiable para ese límite, ya que las ecuaciones tradicionales pierden validez. Por ello, uno de los grandes objetivos de las teorías actuales es precisamente desentrañar qué ocurre en ese umbral donde el conocimiento se desvanece. Reconoció que, si bien los avances son notables y quizás nos aproximamos a una comprensión más profunda, la meta final todavía no ha sido alcanzada.
Esta indagación en el interior de los agujeros negros no es un mero ejercicio intelectual, sino que guarda una relación íntima con el origen del universo. Maldacena subrayó que la singularidad que se produce en el colapso gravitacional es análoga a la que se presume existió en el instante primordial del Big Bang. La descripción vigente, basada en la relatividad general y el modelo estándar de partículas, permite retroceder en el tiempo hasta un cierto instante, pero no más allá, porque las propias ecuaciones alertan sobre su propia invalidez en esas condiciones de densidad y temperatura extremas. Por lo tanto, comprender los agujeros negros es, en cierta medida, una vía regia para entender los albores del cosmos.
Al ser consultado sobre el panorama de la investigación en la Argentina, Maldacena se mostró optimista y ponderó la existencia de numerosos grupos de excelencia que realizan física de primer nivel internacional. Puso como ejemplo el trabajo de Horacio Casini en Bariloche y sus colaboradores, quienes han desarrollado una perspectiva innovadora sobre la teoría cuántica de campos, basada en conceptos de la teoría de la información, posicionándose como referentes globales en esa línea de pensamiento. Este reconocimiento a sus pares argentinos fue un gesto significativo que revela la vitalidad de la ciencia local, a pesar de las dificultades estructurales.
En otro tramo de la entrevista, el físico abordó el impacto disruptivo de la inteligencia artificial en el ámbito científico. Observó que los investigadores están en un proceso de aprendizaje acelerado, explorando las potencialidades de estas herramientas para abordar problemas específicos. Vaticinó que su utilización será cada vez más frecuente y que estamos asistiendo a una fase de adaptación y descubrimiento metodológico, similar a la que experimentan otros campos del saber, en la que se experimenta con las capacidades de la IA para expandir las fronteras de lo posible.
Finalmente, al reflexionar sobre el ecosistema educativo y su relación con el desarrollo científico, Maldacena planteó una reflexión profunda y necesaria. Sostuvo con firmeza que la instrucción, ya sea impartida en instituciones públicas o privadas, constituye un pilar insoslayable para el progreso de cualquier nación. Lamentó que, a menudo, los frutos de la educación no sean visibles de manera inmediata, lo que lleva a que se descuide la inversión en el presente. No obstante, quiso transmitir un mensaje de esperanza y estímulo, afirmando que quienes desean estudiar en el país encuentran puertas abiertas y oportunidades reales para escalar hasta la cúspide del saber científico. Con un tono que combinaba la autoridad académica con la calidez humana, expresó su anhelo de que los recursos destinados a la docencia y la investigación sean fortalecidos, para que profesores y científicos puedan desplegar todo su potencial en beneficio de la sociedad.
